El sismo del 10 de agosto cambió la vida de miles de familias. En Manizales dejó seis personas fallecidas, 211 heridas, cerca de 11.500 viviendas afectadas y alrededor de 3.000 familias evacuadas
En Caldas, el impacto alcanzó además hospitales, estaciones de Policía y Bomberos, infraestructura educativa y productiva rural. La emergencia comienza a ceder, pero la reconstrucción apenas empieza.

Por Redacción de La Veintitrés
Han pasado cuatro semanas desde aquel 10 de agosto en que la tierra volvió a sacudir con fuerza a Caldas y otras regiones del país
El ruido de las edificaciones, las familias buscando salir de sus viviendas, las calles convertidas en puntos de encuentro, los hospitales activando sus protocolos y los organismos de socorro trabajando sin descanso hacen parte ya de la memoria de una jornada que dejó una profunda huella en el departamento.
Pero el terremoto no terminó cuando cesaron los movimientos más fuertes.
Para miles de familias, la emergencia continúa.
La diferencia es que ahora el desafío tiene otro nombre: reconstrucción.

Manizales, una ciudad que todavía cuenta sus pérdidas
El balance conocido hasta los primeros días de septiembre permite dimensionar la magnitud de lo ocurrido en la capital caldense.
Seis personas murieron y 211 resultaron heridas. Cerca de 12.000 habitantes fueron reportados como afectados y alrededor de 11.500 unidades de vivienda presentan algún tipo de daño.
De ellas, 1.505 fueron clasificadas con pérdida total.
Cerca de 3.000 familias debieron abandonar temporalmente sus hogares y la administración municipal ha tenido que recurrir a subsidios de arrendamiento para atender a quienes no pueden regresar a sus viviendas.
La ciudad ha realizado más de 11.500 visitas técnicas para determinar las condiciones de los inmuebles y establecer cuáles pueden ser habitados, cuáles requieren reparaciones y cuáles deberán ser demolidos.
Es un trabajo que no termina con la emergencia.
Por el contrario, es el comienzo de una tarea mucho más compleja: decidir cómo y dónde reconstruir.
No solo se afectaron las viviendas
El terremoto también golpeó la economía cotidiana.
Cerca de 2.000 establecimientos comerciales registraron algún tipo de afectación. Muchos tuvieron que cerrar temporalmente, trasladarse o suspender actividades.
Sin embargo, la capacidad de recuperación de la ciudad también comenzó a hacerse visible.
Alrededor del 95 por ciento de las unidades comerciales afectadas había retomado sus actividades a comienzos de septiembre.
Es una señal positiva, pero no significa que el problema esté resuelto.
Detrás de cada establecimiento hay familias, trabajadores, empleos y obligaciones económicas que también dependen de la recuperación de la ciudad.

El campo caldense también fue golpeado
El impacto del terremoto no terminó en las zonas urbanas.
En los municipios caldenses, miles de familias rurales enfrentaron daños en sus viviendas y en las estructuras que les permiten producir.
Uno de los balances más reveladores identificó 741 infraestructuras productivas rurales con afectaciones totales o parciales.
Son establos, beneficiaderos, instalaciones para almacenamiento y otras estructuras que hacen parte de la economía campesina.
La pérdida de una vivienda puede significar quedar temporalmente sin techo.
La pérdida de una infraestructura productiva puede significar, además, quedarse sin ingresos.
Por eso la reconstrucción rural tendrá una dimensión diferente y posiblemente más prolongada.
La salud, entre la emergencia y recuperación
Uno de los capítulos más delicados corresponde al sector salud.
En Caldas fueron identificadas 51 infraestructuras de salud, públicas y privadas, con algún grado de afectación.
Entre las instituciones con daños severos están el Hospital Santa Sofía, la Clínica Medintegral y el Hospital de San José.
En Santa Sofía, más de 130 pacientes tuvieron que ser trasladados hacia otras instituciones como consecuencia de las afectaciones.
La emergencia puso a prueba la capacidad de respuesta de la red hospitalaria y obligó a redistribuir pacientes y servicios.
Pero también dejó otro desafío menos visible: la salud mental de quienes vivieron el terremoto.
El miedo, la incertidumbre, la pérdida de bienes y la necesidad de abandonar temporalmente la vivienda son circunstancias que pueden permanecer mucho después de que se retiren los escombros.

Bomberos y Policía también resultaron afectados
Paradójicamente, algunos de los organismos llamados a responder ante una emergencia también fueron golpeados por ella.
En Caldas se reportaron afectaciones en nueve estaciones de Policía y cuatro subestaciones.
También resultaron afectados el comando de la Policía Metropolitana de Manizales y tres estaciones de la capital.
En el caso de los Bomberos, cuatro estaciones tuvieron que ser evacuadas completamente y otras nueve presentaron daños que, aunque reparables, afectan la operación normal de estos organismos.
La reconstrucción tendrá entonces que garantizar no solamente viviendas seguras, sino también que quienes deben atender una nueva emergencia —si llegara a producirse— tengan instalaciones adecuadas para hacerlo.
Las ayudas han llegado, pero el reto es enorme
Durante las semanas posteriores al terremoto, las administraciones municipal y departamental concentraron esfuerzos en la atención humanitaria.
En Caldas se han movilizado más de 18.000 ayudas, mientras que el departamento puso en marcha un Banco de Materiales para apoyar la recuperación de viviendas afectadas.
El programa comenzó con una inversión de 3.500 millones de pesos y contempla recursos adicionales hasta alcanzar 5.250 millones.
Son recursos importantes, pero frente a la magnitud del daño representan apenas una parte del esfuerzo que será necesario.
Porque una cosa es atender la emergencia.
Otra, muy distinta, es reconstruir.
Manizales ya tiene un primer plan
En la capital caldense el Concejo Municipal aprobó 220.000 millones de pesos para una primera fase de reconstrucción.
Los recursos están destinados a diferentes frentes, entre ellos atención de emergencia, demoliciones, vivienda, banco de materiales, apoyo a comerciantes y fortalecimiento del control urbano.
La gerencia de este proceso estará en manos de Camacol, con mecanismos de seguimiento y transparencia.
La decisión marca un punto de inflexión.
La ciudad comienza a pasar de la reacción a la planificación.
Y allí aparecerá uno de los mayores retos: que la reconstrucción no sea simplemente volver a levantar lo que se cayó, sino corregir las condiciones que hicieron vulnerable a parte de la ciudad.
El verdadero balance todavía no está cerrado
Un mes después, las cifras permiten hacer un primer inventario de pérdidas.
Pero el balance definitivo tardará mucho más.
Todavía falta determinar el costo total de la reconstrucción, definir la situación de las familias que no podrán regresar a sus viviendas, recuperar plenamente la infraestructura hospitalaria, reparar instalaciones de organismos de socorro y seguridad y recuperar la capacidad productiva de cientos de familias rurales.
También habrá que responder por las edificaciones que deberán ser demolidas y por aquellas que podrán recuperarse mediante reparaciones estructurales y no estructurales.
Y habrá que hacerlo mientras miles de personas intentan recuperar algo que las estadísticas no siempre pueden medir: la normalidad.

La segunda etapa de la tragedia
El terremoto dejó una primera fotografía: edificios afectados, viviendas destruidas, personas heridas y familias evacuadas.
Ahora comienza a aparecer otra imagen.
Es la de los trabajadores de la construcción, los ingenieros, arquitectos, funcionarios, campesinos, comerciantes y familias que tendrán que participar en una reconstrucción que podría tomar años.
La emergencia puede tener una fecha de inicio y otra de cierre.
La reconstrucción no.
Por eso, un mes después del terremoto, la pregunta ya no es solamente qué pasó.
La pregunta fundamental es qué vamos a hacer con lo que pasó.
Porque reconstruir no significa únicamente reemplazar ladrillos, techos o paredes.
Significa recuperar hogares.
Recuperar empleos.
Recuperar hospitales.
Recuperar escuelas.
Recuperar el campo.
Y, sobre todo, recuperar la confianza de miles de caldenses que aquella mañana sintieron que el suelo podía desaparecer bajo sus pies.
El terremoto terminó. Sus consecuencias, no.
Caldas y Manizales en Cifras
Manizales
- 6 personas fallecidas.
- 211 personas heridas.
- Cerca de 12.000 personas afectadas.
- Cerca de 11.500 viviendas afectadas.
- 1.505 viviendas con pérdida total.
- Cerca de 3.000 familias evacuadas.
- Más de 11.500 visitas técnicas a inmuebles.
- Cerca de 2.000 unidades comerciales afectadas.
- $220.000 millones aprobados para la primera fase de reconstrucción.
Caldas
- Más de 10.000 familias afectadas en los primeros balances.
- 6.570 viviendas con afectación parcial.
- 1.661 viviendas con pérdida total.
- 741 infraestructuras productivas rurales afectadas.
- 51 infraestructuras de salud afectadas.
- 9 estaciones de Policía afectadas.
- 4 subestaciones de Policía afectadas.
- 4 estaciones de Bomberos evacuadas completamente.
- 9 estaciones de Bomberos con daños reparables.
- Más de 18.000 ayudas humanitarias entregadas.
- Hasta $5.250 millones proyectados para el Banco de Materiales.
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