Utilero recuperó camiseta de policía en tribuna para título de Junior 2004

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El 19 de diciembre de 2004, el estadio Atanasio Girardot de Medellín fue escenario de una de las finales más legendarias del fútbol colombiano, pero detrás del título de Junior de Barranquilla hay una anécdota insólita. El equipo rojiblanco, que había ganado la ida 3-0, llegó a la capital antioqueña confiado en usar su tradicional camiseta rayada, pero el árbitro Óscar Julián Ruiz y el gerente de Atlético Nacional, Víctor Marulanda, prohibieron esa indumentaria por posibles problemas con la transmisión televisiva. Sin el uniforme alternativo, los utileros Luis ‘Mello’ Aguilera y Léider Frías tuvieron que recurrir a unas camisetas amarillas de entrenamiento, sucias y con esparadrapo en los números, para que los jugadores pudieran saltar a la cancha. La odisea alcanzó su punto más crítico cuando, al contar las prendas, faltaba la del delantero Leonardo Rojano, quien le había regalado la suya a un policía en las tribunas.

La jornada arrancó con la certeza de que no habría inconvenientes con el uniforme, según lo que el gerente de Nacional le había asegurado al club barranquillero. Sin embargo, al llegar al estadio, la orden fue clara: no se podía jugar con la camiseta rayada. Sin el equipamiento alternativo, los utileros consideraron pedir prestadas camisetas del Deportivo Independiente Medellín, pero la opción fue descartada. En ese momento, las únicas prendas disponibles eran las amarillas de entrenamiento, que estaban sucias y debían ser marcadas a mano con esparadrapo. “Tuvimos que buscar la de entrenamiento, que estaba sucia, y ponerle un esparadrapo al número. Pero faltaba una”, recordó Luis ‘Mello’ Aguilera en el documental “Posible, lo imposible” de Win Sports. Esa pieza faltante era la número nueve, la que Leonardo Rojano había obsequiado a un agente de policía que se encontraba en la tribuna.

La carrera por la camiseta perdida

Con el tiempo en contra y los equipos listos para iniciar el partido, el asistente Léider Frías emprendió una frenética búsqueda. Subió hasta las gradas del Atanasio Girardot, localizó al policía que tenía la camiseta de Rojano y logró recuperarla. “Rojano le había regalado una a un policía que estaba por allá arriba. Mi compañero Léider Frías corrió para la tribuna y allá lo encontró. Era la de Rojano, con el número nueve”, narró Aguilera. Con esa misma prenda, sucia y con un número improvisado, el equipo salió a la cancha y completó la hazaña: tras perder la vuelta 5-2, Junior se impuso en la definición por penales 5-4, consagrándose campeón de la liga colombiana. “Y con esa quedamos campeones y cogió fama la camiseta amarilla”, agregó el veterano utilero, quien también formó parte del cuerpo técnico en ese título histórico.

“Esa historia fue, creo, con Víctor Marulanda, que era el gerente de Nacional, y junto con Óscar Julián Ruiz no aceptaron que jugáramos de rayado. Nosotros no habíamos llevado el uniforme alterno porque el gerente de aquel momento nos había dicho que no había problema con llevar el rayado.”

Luis ‘Mello’ Aguilera, utilero de Junior

La camiseta amarilla de entrenamiento se convirtió desde entonces en un símbolo de la resiliencia del equipo barranquillero. La anécdota no solo refleja la improvisación a la que obligan las decisiones de última hora, sino que resalta el ingenio del cuerpo técnico para superar un obstáculo que pudo haber cambiado el rumbo del partido. El título de 2004, uno de los más recordados en la historia del Junior, quedó inmortalizado por esa prenda improvisada que, sucia y con esparadrapo, llevó al equipo a la gloria en medio de la polémica y la adversidad.

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