Victoria del ‘No’ en plebiscito de paz por estrecho margen de 54.000 votos

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El 2 de octubre de 2016, Colombia vivió una jornada electoral que marcó un punto de inflexión en su historia reciente. El plebiscito para refrendar el acuerdo de paz firmado en La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc-EP arrojó un resultado inesperado: el “no” se impuso por menos de 54.000 votos, con 6.431.376 sufragios (50,21%) frente a 6.377.482 del “sí” (49,78%). La participación fue del 37,44%, equivalente a 13.066.025 votantes, superando el umbral mínimo de 4.536.992 requerido para validar el “sí”. La derrota del oficialismo obligó al presidente Santos a reconocer el triunfo del “no” esa misma noche y a plantear una renegociación del acuerdo, que culminó con la firma del Nuevo Acuerdo el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón de Bogotá.

La votación estuvo marcada por factores que incidieron en el resultado. Las lluvias del huracán Matthew afectaron la costa Caribe, reduciendo la afluencia a las urnas en regiones claves para el “sí”. Además, la campaña del “no”, liderada por el Centro Democrático, aprovechó una estrategia de mensajes falsos, especialmente en torno a la supuesta “ideología de género” en el acuerdo, y logró movilizar a sectores que veían en el texto impunidad y premios para los violentos. En contraste, la campaña del “sí” fue corta y no reaccionó con contundencia a esas desinformaciones, según analistas y testimonios de la época. Juan Fernando Cristo, entonces ministro del Interior, recordó que antes de las seis de la tarde el gobierno ya tenía conciencia de la derrota por unos 40.000 o 50.000 votos, y que el presidente salió rápidamente a reconocer el resultado y proponer el diálogo con la oposición.

Un resultado que sorprendió al país

Para la exsenadora Paloma Valencia, del Centro Democrático, el triunfo del “no” fue un momento emocionante porque mostraba que los colombianos no querían impunidad ni premio para los violentos. “Todas las encuestas decían que nosotros no íbamos a sacar más del 30% de la votación si nos iba muy bien”, afirmó. Sin embargo, desde su propio partido hubo voces que reconocieron una suerte de claudicación tras el resultado. José Obdulio Gaviria, abogado y exsenador del Centro Democrático, señaló que “nosotros claudicamos de cierta manera” al no lograr incorporar sus principales demandas en el nuevo texto, como penas privativas de libertad, restricciones a la participación política de excombatientes y la entrega de recursos. La renegociación condujo a un acuerdo que fue refrendado por el Congreso mediante el mecanismo de fast track, lo que Gaviria criticó como una forma de desconocer el resultado electoral.

Juan Manuel Santos, quien recibió el Premio Nobel de Paz precisamente durante esos días, defendió el proceso como un ejemplo para el mundo y aseguró que ahí está la solución a muchos problemas del país. A diez años de la votación, el expresidente advirtió que si se recorta el presupuesto de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) o se la deja sin recursos, los que sufren son las víctimas, los comparecientes y los ciudadanos que creyeron en el proceso. Santos rechazó extender la JEP más allá de 2028 y pidió agilizar sus decisiones, en medio de un debate persistente sobre impunidad, participación política de excombatientes y el asesinato de más de 400 exguerrilleros tras la firma del acuerdo, según cifras citadas por Juan Fernando Cristo.

Lecciones sobre polarización e institucionalidad

Para Cristo, la mayor lección del plebiscito fue la fortaleza institucional para superar la crisis mediante el diálogo. A pesar de la profunda polarización que el resultado evidenció, el gobierno y la oposición lograron sentarse a renegociar, aunque el Centro Democrático no consiguió imponer sus condiciones. El Nuevo Acuerdo mantuvo la estructura central del original y fue aprobado en el Congreso, lo que permitió iniciar la implementación. Sin embargo, diez años después persisten los debates sobre la capacidad del Estado para cumplir lo pactado, sobre todo en regiones donde la violencia no cesó y donde los asesinatos de excombatientes y líderes sociales se han convertido en una tragedia cotidiana. El plebiscito del 2 de octubre de 2016 dejó en evidencia que la paz no se construye solo con la firma de un papel, sino con la voluntad política y la participación de toda la sociedad, y que la polarización, lejos de desaparecer, se ha reconfigurado en el escenario político colombiano.

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