Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
Alineación errada, repliegues caóticos, un penalti que encendió el sufrimiento y una expulsión, Peralta en el rival, que dio oxígeno… que dio aliento.
Ingresaron los correctivos desde el banco y el Blanco explotó la amplitud del campo, con profundidad, pases, con velocidad, gambetas y pausas.
Estaba Dayro. Clase pura. Dos goles, un golazo, para destrabar el ataque… y pudieron ser más.
El cierre desde la cabeza y los pies. El poder que da el balón. El Once escondió la pelota. El Niche inmenso, maestro de la orquesta, con valiosos intérpretes como Deinner Quiñones. Un acierto dejarlo.
El Blanco, lejos de la idea, en ajustes el proyecto, pero pone a la gente a soñar, con uno que otro susto.
P. D. Se marcharon Marín, Henríquez y Felipe Gutiérrez. Muchos temas por aclarar y explicar. No los sacó el arriero. Ellos se fueron. Renunciaron. Llegaron cuatro jugadores, Quiñones, Maturana, Andrés Roa y Jaime Arévalo. Se busca un defensa, un delantero o un tercer portero.
Además, Ramiro Ruíz a la gerencia deportiva. El Once cambió… y se reforzó en todos los frentes.













