Más de 20.000 tripulantes llevan semanas sin poder salir del Golfo Pérsico, en una crisis que no se veía desde hace décadas y que amenaza al comercio mundial.
Alrededor de 20.000 marinos siguen atrapados en unos 2.000 barcos en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo. La guerra en la región ha frenado casi por completo el paso de embarcaciones, dejando a miles de personas varadas en el mar.
Antes del conflicto, cerca de 150 buques cruzaban cada día por este estrecho. Hoy, apenas lo hacen entre cuatro y cinco, debido al riesgo de ataques y a las restricciones impuestas en la zona.
Una ruta bloqueada por la guerra
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo y es clave para el transporte de petróleo y gas. Sin embargo, la escalada de violencia ha convertido este paso en una zona peligrosa.
Irán, que controla la parte norte del estrecho, ha señalado que solo permitirá el paso de barcos que considere “no hostiles”. Esto ha generado incertidumbre entre las compañías navieras, que temen nuevos ataques.
Ataques y temor constante
Desde que comenzó el conflicto hace un mes, se han registrado al menos 19 ataques contra buques. Siete marinos han muerto, ocho han resultado heridos y cinco siguen desaparecidos.
Uno de los casos más recientes ocurrió frente a Dubái, donde un petrolero fue alcanzado, al parecer, por un dron. Estos hechos han aumentado el miedo entre las tripulaciones que permanecen en la zona.
Tripulaciones bajo presión
Muchos marinos llevan semanas sin poder regresar a casa. Organizaciones del sector han recibido más de mil mensajes de tripulantes pidiendo ayuda y solicitando ser evacuados.
Expertos advierten que el impacto no es solo físico, sino también emocional. Vivir durante tanto tiempo en una zona de guerra genera un alto nivel de estrés e incertidumbre.
Ayuda limitada y soluciones difíciles
Mientras tanto, los barcos reciben suministros básicos —como comida, agua y combustible— desde países cercanos como Arabia Saudita y Omán. Esto permite que continúen operando, aunque con muchas limitaciones.
Una posible opción sería cambiar las tripulaciones, pero esto implicaría encontrar voluntarios dispuestos a entrar en una zona de conflicto, algo poco probable.
Por eso, la principal solución sigue siendo un acuerdo que permita el paso seguro de los buques y la evacuación de los marinos.
Un problema con impacto global
El bloqueo del estrecho no solo afecta a quienes están a bordo. Cerca del 20% del petróleo y gas del mundo pasa por esta ruta, por lo que la crisis también tiene consecuencias para la economía global.
Además, expertos advierten que situaciones como esta podrían desmotivar a futuras generaciones a trabajar en el mar. Y sin marinos, el comercio internacional simplemente no puede funcionar.











