Un grupo de mujeres emberá, liderado por la portavoz Francisca Giraldo junto a Alejandrina Guazorna y Etelvina Queragama, acompañadas por legisladoras y la médica Sarita Patiño del Hospital San Rafael, presentó por primera vez ante el Congreso de Colombia un proyecto de ley para erradicar la mutilación genital femenina en sus comunidades indígenas, sin imponer penas de cárcel a las parteras tradicionales. Esta iniciativa surge ante el registro de más de 200 casos de ablaciones entre 2020 y 2025 en las montañas de Risaralda, donde la práctica ancestral afecta a recién nacidas mediante el uso de navajas o clavos calientes, motivada por supersticiones de influencia africana que buscan evitar que las niñas desarrollen conductas consideradas masculinas.
Colombia se posiciona como el único país de América Latina donde persiste esta forma de violencia contra las mujeres en grupos indígenas como los emberá, una costumbre que llegó por influencias africanas y se mantiene en 33 naciones del continente vecino, rodeada de un fuerte tabú que oculta muertes de niñas y los malestares crónicos de las sobrevivientes. El proyecto prioriza la prevención mediante educación y formación para el personal de salud, en lugar de castigos, reconociendo que muchas parteras actúan bajo imposiciones culturales heredadas de abuelas y generaciones previas.
Un proyecto de ley que busca prevención y educación, no castigo
La médica Sarita Patiño, quien ha atendido casos en el Hospital San Rafael, destacó los graves riesgos médicos asociados, como hemorragias, infecciones, sepsis y complicaciones de por vida, especialmente en partos donde los bebés no pueden salir debido a la obstrucción causada por la remoción de los labios genitales, dejando solo la entrada del uréter y la vagina.
“El problema es que uno ve, incluso los pacientes entran en sepsis y pueden incluso llegar a morir por el tipo de prácticas, pues lo que les produce”
Sarita Patiño, médica del Hospital San Rafael
“cuando lo que les digo que les quitan los labios y que solo queda la entrada del uréter y de la vagina, obviamente eso puede tener muchos problemas de complicaciones en el parto, específicamente porque los bebés no pueden salir”
Sarita Patiño, médica del Hospital San Rafael
Las voces de las mujeres emberá resaltan el impacto personal y colectivo de esta práctica, que tradicionalmente justifica mutilar a las niñas para que no crezcan como hombres, pero que ha cobrado vidas y generado dolores persistentes desde la primera relación sexual.
“a todos nosotros que somos mujeres nos hicieron eso. Antiguamente, las abuelitas hacían eso a nosotros, sí”
Alejandrina Guazorna, integrante comunidad emberá
“Cada momento traían niñas muertas”
Alejandrina Guazorna, integrante comunidad emberá
“Nunca sentí nada más que dolores desde mi primera relación sexual”
Etelvina Queragama, integrante comunidad emberá
Francisca Giraldo enfatizó la victimización injusta hacia su comunidad, subrayando que esta mutilación no es una elección propia sino una imposición cultural que ha sido estigmatizada sin comprender su origen forzado.
“siempre nos victimizan, nos critican, que somos peores porque asesinamos nuestras propias hijas, pero no ven que fue algo impuesto, que fue algo que nos impusieron, que no es algo de nosotras”
Francisca Giraldo, portavoz emberá
En un contexto global donde las Naciones Unidas reportan 230 millones de mujeres afectadas por mutilaciones genitales femeninas, este proyecto marca un hito al ser impulsado directamente por las emberá y legisladoras, apostando por la educación para romper el ciclo sin criminalizar a las portadoras de la tradición, y abriendo la puerta a una erradicación respetuosa de los derechos indígenas en Colombia.












