Un mural pintado en memoria de las víctimas de falsos positivos, a tan solo 300 metros de la finca del expresidente Álvaro Uribe Vélez en el corregimiento Llano Grande de Rionegro, Antioquia, desencadenó un violento altercado que incluyó agresiones físicas, acusaciones cruzadas y denuncias de campañas de desprestigio. La intervención artística, convocada por organizaciones sociales y colectivos de memoria como @Cizanaparatodos, reunió a unas 150 personas que portaban camisetas con los rostros, nombres y lugares de origen de las víctimas, mientras entonaban cánticos por la verdad y la memoria histórica. En el centro del mural, pintado en un espacio público, se inscribió la cifra de 7.837, correspondiente a los casos de ejecuciones extrajudiciales ocurridos durante los gobiernos de Uribe, según el último informe de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
El hecho, que tuvo lugar en las inmediaciones de la residencia del exmandatario, se originó cuando el propio Uribe, alertado por su esposa sobre la presencia de activistas, se dirigió al lugar. Según su versión, encontró a simpatizantes del Pacto Histórico «custodiando a trabajadores» en un espacio público. Tras un breve diálogo con los manifestantes, el expresidente, acompañado de seguidores, procedió a borrar el mural, acción que fue repudiada por los organizadores y que escaló la tensión hasta derivar en una agresión con arma blanca contra David Toledo, excandidato a la Cámara por el Centro Democrático, quien difundió imágenes del ataque preguntando: «¿Entonces esto no es un intento de homicidio?»
La intervención artística y la reacción de Uribe
Hernán Muriel, senador electo del Pacto Histórico, explicó que la jornada buscaba actualizar la cifra de falsos positivos a partir de los datos de la JEP y visibilizar la memoria de las víctimas. «Este acto se basó en pintar un mural con la nueva cifra que dio la JEP; las víctimas de falsos positivos durante su Gobierno en nuestro país fueron 7.837», afirmó Muriel, quien denunció que Uribe ha emprendido una campaña de desprestigio en su contra. «Álvaro Uribe no hace sino gritarle a sus seguidores que yo fui elegido por el terrorismo y que soy responsable del asesinato de su padre», declaró el congresista, agregando que «su último trino dice que mi elección la estimularon grupos criminales. De verdad es un peligro gigantesco».
«¿Por qué está emprendiendo esta campaña de desprestigio en mi contra, que pone en riesgo mi vida? Solo porque llevamos a cabo un acto de pedagogía de la memoria a 300 metros de su finca en el municipio de Rionegro»
Hernán Muriel, senador electo del Pacto Histórico
Por su parte, el expresidente Uribe justificó su reacción señalando que «utilizaron un cuchillo contra uno de nuestros compañeros y lo hirieron, el video lo captó», en referencia al ataque contra David Toledo. La versión de los organizadores, sin embargo, sostiene que la violencia se desató cuando Uribe y sus seguidores comenzaron a borrar el mural y que, en medio de la confusión, una mujer, identificada como la pareja de Hernán Muriel, fue golpeada.
Agresiones y denuncias cruzadas
María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara por el Pacto Histórico, difundió un video en el que responsabiliza directamente al expresidente por la seguridad de su compañero de bancada. «Álvaro Uribe Vélez, lo hago responsable de cualquier cosa que le pueda suceder a mi compañero de bancada del Pacto Histórico, Hernán Muriel, o a cualquiera de los familiares víctimas que estuvieron hoy haciendo una intervención por la memoria de los 7.837 falsos positivos», declaró Carrascal, quien también denunció que «golpearon a una mujer, a la pareja de Hernán Muriel. Esto es completamente inadmisible».
La congresista fue más allá al criticar la actitud de Uribe frente a la memoria histórica: «Ha sido muy coherente en perseguir, en estigmatizar y en tratar de borrar la memoria». Y añadió: «Durante mucho tiempo nuestros niños y niñas ni siquiera recibieron historia en los colegios y fue justamente por eso, por tratar de contar una historia oficial que no es la de las víctimas». En un tono aún más duro, Carrascal contrastó la situación de Uribe con la de las víctimas: «Una familia terrateniente, adinerada, apoderada, con todo tipo de protección mediática, política, de seguridad. Usted, en cambio, durante sus gobiernos y después de ellos, sí se ha metido con familias campesinas, empobrecidas, de trabajadores, de trabajadoras del servicio doméstico, jóvenes a los que su proyecto político dejó sin futuro y sin vida».
«Este país tiene que seguir haciendo memoria. Este país tiene que saber qué fue lo que pasó para que no se vuelva a repetir»
María Fernanda Carrascal, representante a la Cámara
Mientras tanto, Hernán Muriel insistió en que el arte y la memoria son herramientas de lucha política: «Seguiremos ejerciendo la política desde el arte, la disputa cultural, la comunicación alternativa, la memoria histórica». El altercado ha reavivado el debate sobre la legalidad de la intervención artística —sin que se precise si contaba con autorización municipal— y sobre los límites de la confrontación política en un país donde las heridas del conflicto siguen abiertas. La cifra de 7.837 víctimas de falsos positivos, ahora pintada y borrada, quedó como símbolo de una pugna que trasciende el muro y se instala en el centro de la disputa por la narrativa del pasado reciente de Colombia.












