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En Netflix, James…

Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO

El documental de James Rodríguez, atrapa, seduce.

Es un desfile de imágenes sostenidas por emotivas frases, verosímiles, de quienes lo conocen. Testimonios impactantes, agradecidos, cargados de memoria.

Allí está el crack en toda su dimensión.

Marcado por el vértigo de la fama, el dinero, las batallas, las mujeres. Todavía con pólvora en sus botines.

Maduro, optimista y glamuroso. Cubierto de tatuajes, intacto en su esencia. Con inmensas ganas de jugar. En Pelea feroz con su inactividad que lo sacó de forma, pero, respirando futbol que lo inspira.

El relato es generoso y constructivo por su carrera deslumbrante. Un homenaje abierto a su recorrido.

En el desfilan familiares, compañeros, empresarios y amigos. Sus jugadas eternas. Sus goles icónicos. Incluso aquel olímpico en el pony futbol, cuando su clase insinuaba su destino.

El debut profesional a los 14 años con el club Envigado. Su paso por argentina en Banfield, con uno de sus maestros preferidos, Julio Falcioni.

La conquista de Europa. El Real Madrid y aquella presentación apoteósica. Las voces de Carleto Ancelotti, Cristiano Ronaldo y José Pekerman. Los conflictos con Zinedine Zidane. Todo esto enriquece este viaje audiovisual.

También sus días gloriosos en el Porto, Mónaco FC y el FC Bayern Múnich. Y, por supuesto, el inolvidable tributo al futbol con aquella volea celestial frente a Uruguay en el mundial. El zurdazo teledirigido que paralizó al planeta futbol y dejó a todos boquiabiertos.

El grito inmenso de un colombiano convertido en leyenda, en amenaza, en advertencia. La señal inequívoca de lo que James era, es y hoy representa.
El personaje resulta simpático de principio a fin. Sin frases forzadas o libretiadas. Un ganador que aprendió de caídas y sufrimientos.

Como Pilar rubio, su madre, con una carcajada luminosa en cada respuesta, incluso al evocar los tiempos de su sufrida maternidad adolecente, la que tuvo el respaldo invaluable de su familia, ante la ausencia inexplicable de su esposo, Wilson James Rodríguez, un exquisito con la pelota dominado por las noches.

Después, la figura decisiva de Juan Carlos Restrepo, el padre de su hermana Juana, compañero de Pilar por tantos años, quien impulsó su carrera y sostuvo sus sueños hasta el final de sus días.

James eligió el camino correcto: el futbol. Así lo proclama, así lo demuestra, con esa obsesión eterna por la selección Colombia. Con ella se transforma para brindar conciertos de futbol.

James en Netflix vale la pena. Porque frente a las cámaras o con el balón, es lo mismo. Figura deslumbrante. Crack siempre.

Me enganchó el personaje. Es mi ídolo. El admirado 10. El mejor jugador de la selección Colombia en todos los tiempos.

Esteban J.

Columna de opinión

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son de exclusiva responsabilidad de su respectivo autor y no representan la opinión editorial de La Veintitrés.

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