A nueve días de las elecciones presidenciales en Colombia, el asesor y experto en comunicaciones Alejandro Muñoz Prieto encendió las alarmas sobre la fiabilidad y el uso político de las encuestas de intención de voto, al calificarlas como una “fotografía borrosa” de un momento específico y advertir sobre los riesgos de manipulación y desinformación digital que se intensifican durante la veda informativa de la última semana. El análisis, divulgado en un contexto de creciente escepticismo ciudadano, llega justo cuando tres firmas han publicado sondeos que proyectan una segunda vuelta entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, desatando celebraciones, cuestionamientos y rechazos por parte de los candidatos.
La discusión no es solo estadística, sino de confianza pública. Muñoz Prieto recordó antecedentes globales como las elecciones de 2016 en Estados Unidos, donde las encuestas subestimaron a Donald Trump, o el referendo del Brexit, para subrayar que el problema trasciende la precisión numérica. “El verdadero problema quizá ya no sea la imprecisión estadística, sino la erosión de la confianza pública. En un ecosistema saturado de información, la gente no solo duda de las encuestas: duda de todo”, afirmó el analista, citado por Infobae Colombia.
Regulación y transparencia bajo la lupa
En Colombia, el debate se ha intensificado con la entrada en vigor de la Ley 2494 de 2025 y la Resolución 1197 del Consejo Nacional Electoral (CNE), normativas que buscan aumentar la transparencia al exigir a las encuestadoras revelar sus financiadores, metodologías, microdatos y la composición estadística de las muestras. Sin embargo, la prohibición de publicar sondeos en la última semana antes de los comicios, diseñada para evitar la manipulación, ha generado un efecto paradójico: según Muñoz Prieto, ese vacío informativo se convierte en un caldo de cultivo para la desinformación digital, con miles de encuestas falsas o manipuladas que ya circularon durante procesos electorales en Estados Unidos en 2020 y en Europa.
El experto distinguió tres categorías de encuestas que actualmente inundan el escenario político. Por un lado, están las que reflejan la “realidad”, cuando varias firmas coinciden en tendencias generales. Luego están las de “humo”, utilizadas para fabricar percepciones favorables a un candidato. Y finalmente, las de “mentira”, que son sondeos falsos o manipulados, diseñados para engañar al electorado. Esta tipología cobra relevancia en medio de una disputa metodológica entre las encuestas tradicionales, basadas en llamadas telefónicas o entrevistas presenciales, y los nuevos modelos digitales que emplean inteligencia artificial, paneles online y segmentación algorítmica, que si bien son más rápidos y económicos, sacrifican representatividad estadística. Firmas como GAD3 ya se retiraron del mercado presidencial colombiano, mientras que Atlas Intel ha enfrentado tensiones con el CNE por sus paneles digitales no probabilísticos.
“La respuesta probablemente está en un punto intermedio. Como suele recordar el analista César Caballero, las encuestas son apenas una fotografía borrosa de un momento específico.”
Alejandro Muñoz Prieto, asesor y experto en comunicaciones
A pesar de las advertencias, Muñoz Prieto reconoce que las encuestas siguen siendo una herramienta necesaria para entender el clima político, siempre que se interpreten con cautela y se auditen con rigor. El verdadero desafío, advierte, no es perfeccionar la estadística, sino restaurar la credibilidad en un sistema electoral que enfrenta la desconfianza como su peor enemigo. “Al final, la única encuesta que realmente vale sigue siendo la que se responde el día de las elecciones, frente a las urnas”, sentenció el analista, dejando claro que, entre tanta fotografía borrosa, el voto ciudadano es la única imagen nítida que contará.












