Por ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
El futbol que se juega, se disfruta, se vive, se sufre, se narra y se comenta.
El futbol que aguanta las embestidas del negocio y la codicia. El de las historias felices o desgarradoras. El de los artistas de la pelota, el del mundial como su máxima expresión, que paraliza el planeta.
El futbol que nos sustrae de la cotidianidad, con sus proezas y fracasos visibles y tantas estrellas del marketing, invisibles en las canchas.
En la puerta del mundial. En modo futbol. Con todos los entrenadores ganadores porque aún no se agitan los estadios. Y todos los seleccionados campeones. Al final solo será uno.
Con equipos construidos desde los buenos jugadores, desde el optimismo o la vocinglería de los periodistas, algunos tan estrepitosos, tan fanfarrones, tan charlatanes, como ciertos directores técnicos.
Todos graduados, sin diploma, como expertos.
Llega el mundial. Con mis dos ojos en las canchas y en la tv. Mi vida se cierra durante dos meses. Solo la pelota. Una y mil pelotas, que rodarán a la par con las ilusiones de los aficionados de todos los rincones.
Tú y yo como “méndigos del buen futbol”. Pidiendo “una gambeta por favor”. Solo una. Porque el futbol de hoy, el contemporaneo, tan resultadista y tan industrial, rechaza figuras descollantes como Cruyff, Maradona o Pelé, Nessi o Cristiano bajo el pretexto de los entrenadores de que la estrella es el equipo y nadie mejor que él.
Aquí estoy, esperando a los eternos favoritos, a los consagrados, a las estrellas emergentes o los que serán sombras fugitivas, con fama que no resiste un envión.
Aquí estoy, en modo futbol. Esa gran felicidad. Esteban J.
*Pd. Soy mundial. Estaré con CARACOL TV, en su plataforma digital DITU, en la cita orbital. Fui seleccionado y seré alineado. Llego a sumar y, si puedo, a resaltar. Consiente de que las figuras son los futbolistas y no los periodistas, los doctores del balón
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