Deison Andrés Morales Almanza, un joven de 25 años que se desempeñaba como cobradiario en el sistema de préstamos informales conocido como “gota a gota”, fue asesinado a tiros en la madrugada del miércoles 3 de junio de 2025 en el barrio El Edén, en el suroccidente de Barranquilla. El hecho ocurrió aproximadamente a las 12:30 de la madrugada, cuando Morales conversaba con sus familiares frente a la vivienda donde residía desde hacía apenas dos semanas, y dos hombres que se movilizaban en una motocicleta llegaron hasta el lugar. El parrillero descendió del vehículo y le disparó en repetidas ocasiones, dejándolo gravemente herido.
Los familiares, desesperados por salvarle la vida, lo trasladaron por sus propios medios hasta un centro asistencial cercano, pero el joven falleció minutos después debido a la gravedad de las heridas. Este homicidio se suma a una seguidilla de crímenes contra cobradiarios en el departamento del Atlántico, pues en menos de 48 horas se registraron tres asesinatos de personas vinculadas a este negocio informal, generando alarma entre las autoridades y la comunidad.
Morales ya había sido víctima de un atentado armado el 24 de diciembre de 2024 en el barrio Por Fin de Barranquilla, donde perdió la vida su compañero Juan David De la Hoz Pertuz. En esa oportunidad, las autoridades vincularon el ataque a una disputa por una ruta de cobro del “gota a gota”, lo que sugiere que el joven estaba siendo blanco de amenazas constantes. El hecho de que llevara solo dos semanas viviendo en la casa donde ocurrió el asesinato indica que intentaba alejarse del riesgo o que, por el contrario, estaba siendo seguido por sus agresores.
Una ola de violencia contra cobradiarios
El homicidio de Deison Andrés Morales no es un caso aislado. La noche del 1 de junio, apenas dos días antes, fueron asesinados Miguel Ángel Olivero Álvarez en el municipio de Soledad —quien ya había recibido amenazas previas— y Gustavo José Rodríguez Charris en el corregimiento de Ciudad Cortissoz, ataque que, según las primeras hipótesis, podría haber estado dirigido a otra persona. Los tres crímenes ocurrieron en un lapso de 48 horas y tienen en común la vinculación de las víctimas con el sistema de préstamos informales, que maneja importantes sumas de efectivo y zonas de influencia delimitadas, donde los conflictos por deudas o incumplimientos suelen resolverse de manera violenta.
Las autoridades del Atlántico ya iniciaron las investigaciones para esclarecer estos hechos. Se están recopilando pruebas, revisando las cámaras de seguridad de las zonas donde ocurrieron los asesinatos y tomando declaraciones a testigos y familiares. Los investigadores analizan si existe un patrón criminal relacionado con disputas territoriales o conflictos internos en las estructuras de cobro informal, que podrían estar detrás de esta ola de violencia que enluta a varias familias barranquilleras y enciende las alarmas sobre la seguridad en la región.











