Una nube de polvo proveniente del desierto del Sahara, en el norte de África, está afectando desde mayo las condiciones atmosféricas del Caribe colombiano, con su mayor actividad prevista entre junio y agosto y un pico estimado entre julio y agosto de 2026. El fenómeno, que será más perceptible en regiones como La Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba y los archipiélagos de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, reduce la visibilidad y modifica los ciclos de lluvia, según informó el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y el meteorólogo Max Henríquez. Este polvo, compuesto por fragmentos de arcilla, minerales y partículas suspendidas, es transportado por los vientos alisios desde el Sahara, y según el Ideam, «este fenómeno suele registrarse entre finales de la primavera y comienzos del otoño en el hemisferio norte», generando «cielos más opacos, ambientes brumosos y reducción de la visibilidad, especialmente en áreas costeras e insulares».
El impacto del polvo sahariano también se extiende a Centroamérica, México, Puerto Rico, Cuba y República Dominicana, desplazando millones de toneladas de sedimentos hacia América. Junto con los efectos visuales, como atardeceres dorados o rojizos, el fenómeno limita la formación de nubes, reduciendo las lluvias y aumentando la sensación de calor, aunque el Ideam advierte que en algunos casos, la interacción con humedad puede generar «lluvias aisladas o tormentas eléctricas esporádicas». A pesar de la magnitud del evento, los especialistas señalan que las concentraciones previstas para el ciclo 2026 no representan un riesgo generalizado para la salud, pero personas con asma, alergias severas o Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (Epoc) deben extremar cuidados.
Recomendaciones sanitarias y contexto ambiental
La Asociación Americana del Pulmón aconsejó a quienes sufren afecciones respiratorias «quedarse en casa, emplear máscaras N-95 y utilizar filtros de aire» para protegerse de las partículas suspendidas. Investigaciones del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos han identificado una relación entre altos niveles de polvo atmosférico y el aumento de casos de asma y Epoc, lo que subraya la necesidad de precaución en poblaciones vulnerables. Más allá de los riesgos sanitarios, el polvo sahariano cumple una función ecológica crucial al aportar nutrientes como fósforo y hierro a suelos y ecosistemas americanos, lo que lo convierte en un fenómeno natural anual que, aunque reduce la visibilidad y altera el clima, también enriquece la biodiversidad de la región.












