El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, confirmó que la noche del viernes 11 de junio de 2026 se iniciaron bombardeos coordinados por el Ejército, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional contra el Clan del Golfo en la zona rural del municipio de Amalfi, Nordeste de Antioquia, con el objetivo de capturar a su cabecilla Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias ‘Chiquito Malo’. El operativo ofensivo, que continúa en desarrollo, se dirige contra la estructura Roberto Vargas Gutiérrez y la subestructura Jorge Iván Arboleda Garcés, en el marco de una estrategia para contrarrestar la operación de grupos armados organizados.
La recompensa ofrecida por información que lleve a la ubicación y captura de ‘Chiquito Malo’ asciende hasta los 5.000 millones de pesos colombianos. Las autoridades habilitaron la línea 314 3587212 y la línea nacional 107 para recibir denuncias bajo reserva. En los últimos cuatro años, más de 8.400 integrantes del Clan del Golfo han sido neutralizados, lo que consolida a esta estructura criminal como la más golpeada por las autoridades en Colombia durante ese periodo. ‘Chiquito Malo’ es buscado por delitos de homicidio, concierto para delinquir, extorsión y desplazamiento forzado, y ha sido identificado como el cabecilla principal del grupo desde 2021.
Las duras palabras del ministro y el contexto del operativo
En sus declaraciones, el ministro Sánchez afirmó con contundencia que “en Colombia no hay espacio para los criminales”. El alto funcionario indicó que en las próximas horas se publicará un balance detallado con los resultados del operativo, incluyendo eventuales capturas o bajas. Las acciones militares se enmarcan en una investigación que estableció presuntos beneficios del Gobierno nacional a este grupo al margen de la ley, lo que añade una dimensión política al despliegue.
«En Colombia no hay espacio para los criminales»
Pedro Sánchez, ministro de Defensa
En un hecho paralelo, en Alto Baudó, Chocó, ocho miembros del Clan del Golfo, entre ellos un cabecilla conocido con el alias de ‘Jair’, se entregaron voluntariamente al Ejército. Los desmovilizados entregaron un arsenal que incluye ocho fusiles, 1.492 municiones y tres radios. Esta desmovilización ocurre en medio de la incertidumbre por la continuidad de la mesa de paz con el Gobierno, ante la advertencia del presidente electo Abelardo de la Espriella de revisar la política de “paz total”. La situación deja entrever que, mientras se intensifican los operativos ofensivos en Antioquia, también se producen rendiciones en otras regiones del país, en un escenario de transición política que podría redefinir la estrategia de seguridad.












