Una insólita escena se ha vuelto viral en TikTok, donde la creadora de contenido Alejandra Villeta documentó que su perrita adoptada, Dulce María, originaria de Barranquilla, solo obedece órdenes cuando le hablan con acento costeño. El video, publicado en la cuenta @alejavilleta, muestra cómo la mascota reacciona exclusivamente al llamado en “costeñol”, ignorando por completo los intentos en otros dialectos.
La conducta de Dulce María fue descubierta durante un experimento improvisado en el apartamento de Alejandra, donde reunió a un grupo de amigas para probar la reacción del animal. Las participantes llamaron a la perrita desde distintos espacios del hogar empleando variaciones de entonación y acentos, pero solo cuando una de ellas pronunció la frase “Ven pa’ acá” con el característico dejo caribeño, la mascota se acercó de inmediato. El momento, registrado en video, acumula ya cerca de 267.000 “me gusta” y más de 3.091 comentarios en la plataforma.
Un descubrimiento espontáneo que se volvió tendencia
“Oigan, yo les conté que tengo una perrita que adopté, que era de Barranquilla, y acabamos de descubrir que solamente entiende los patrones, solo hace caso cuando le hablamos costeño”, dijo Alejandra en el video, mientras se escuchaba a otra participante intentar sin éxito con órdenes como “Dulce María, ven. Ven. Ven. Ven”. La anécdota desató una ola de reacciones en redes sociales, donde usuarios comentaron sobre la capacidad de los animales para asociar sonidos y palabras a contextos específicos, aunque los expertos aclaran que no se trata de un estudio científico sino de un momento humorístico y espontáneo.
Alejandra Villeta, conocida por crear contenido de humor y lifestyle en sus plataformas digitales, explicó que Dulce María fue adoptada desde la capital del Atlántico, lo que explicaría su particular respuesta a las expresiones costeñas. El video se convirtió rápidamente en tendencia, no solo por la ternura del comportamiento de la perrita, sino por la curiosidad que despierta la forma en que los animales domésticos pueden adaptarse a los patrones lingüísticos de sus dueños originales, aunque en este caso la mascota parece haber llevado esa conexión a un nivel inesperadamente selectivo.











