Mujer muere en Bogotá durante tatuaje a domicilio con presunto anestesiólogo

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Una mujer de 38 años, cuya identidad no ha sido revelada por las autoridades, falleció el sábado 15 de agosto de 2026 durante una sesión de tatuaje que se realizaba en su propia vivienda, ubicada en el barrio Terrazas de San Jorge, en la localidad Rafael Uribe Uribe, suroriente de Bogotá. La víctima había contratado un servicio a domicilio, y al lugar llegaron dos personas: el tatuador y un acompañante que sería un presunto anestesiólogo. En medio del procedimiento —o poco después— la mujer sufrió un paro cardiorrespiratorio que le costó la vida, lo que ha reavivado el debate sobre la seguridad de estas prácticas y la falta de controles en la capital.

El caso se conoció cuatro días después del trágico suceso, cuando el martes 18 de agosto se viralizó en redes sociales y medios de comunicación. El concejal de Bogotá por el Pacto Histórico, Jairo Avellaneda, fue uno de los primeros en denunciar públicamente lo ocurrido y en cuestionar a las autoridades. Según su versión, a la casa de la mujer llegaron dos personas, el tatuador y lo que pudiera ser un anestesiólogo. Avellaneda lamentó que las autoridades se hubieran enterado del hecho hasta ese martes, lo que demuestra, a su juicio, una grave falla en la capacidad de reacción y control.

Muerte bajo sedación: lo que se investiga

La necropsia está a cargo del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, que deberá determinar si la causa del paro cardiorrespiratorio fue una reacción adversa a la anestesia o a las sustancias usadas para el tatuaje, o si se trató de una mala praxis. La Sijín y la Fiscalía investigan las responsabilidades tanto del tatuador como del acompañante, y los peritos analizan qué estaban haciendo exactamente los presentes al momento de la muerte. El caso fue reportado inicialmente a la Policía Metropolitana de Bogotá y a la Secretaría de Salud.

«¿Por qué un tatuaje tiene que costar la vida? Piensen en eso. Una anestesia no es cualquier cosa… no se la hacen a uno en cualquier parte ni cualquier persona. Estos son profesionales altamente calificados, porque de su responsabilidad deriva la vida».

Jairo Avellaneda, concejal de Bogotá (Pacto Histórico)

El concejal también recordó el caso de Juan Felipe Palacio Vélez, un joven de 26 años que murió por un paro cardíaco tras participar en tres sesiones de tatuaje en la feria Expotatuaje de Medellín, ocurrida entre el 8 y 10 de mayo de 2026 en Plaza Mayor. Este antecedente, sumado al reciente suceso, ha llevado a Avellaneda a exigir respuestas concretas a la Secretaría de Salud Distrital. “¿Y qué piensan hacer de ahora en adelante, Secretaría de Salud? ¿Qué piensan hacer para que esto no sea una práctica recurrente y sigan muriendo personas haciéndose tatuajes? Una práctica en apariencia normal, pero vimos que está cobrando vidas”, señaló el cabildante.

El debate se enmarca en una alerta previa de la Secretaría de Seguridad de Bogotá, que a finales de mayo de 2026 ya había advertido sobre sitios no autorizados donde se realizan tatuajes bajo sedación, tras un caso de hospitalización. Ahora, con una muerte confirmada, el concejal insiste en que esta discusión debe darse con urgencia en el Concejo Distrital y en las mesas de trabajo con las autoridades sanitarias. Mientras tanto, la comunidad del suroriente de Bogotá sigue conmocionada por la pérdida de una mujer que, como muchas otras, buscó embellecer su cuerpo sin imaginar que ese procedimiento le costaría la vida.

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