La creadora de contenido e investigadora Gabriela Muñoz rompió su silencio y publicó un contundente video en sus redes sociales para desmentir los rumores que la vinculan sentimentalmente con el expresidente Gustavo Petro, a la vez que defiende la legitimidad del esquema de seguridad que le fue otorgado por la Unidad Nacional de Protección (UNP) antes de que culminara el anterior gobierno. En su intervención, difundida a través de sus canales oficiales como X e Instagram, Muñoz no solo rechazó las especulaciones sobre su vida personal, sino que acusó a diversos medios de comunicación y a sectores políticos de construir y amplificar una “narrativa falsa y misógina” para desacreditarla, reduciéndola a la condición de “moza” y poniendo en riesgo su integridad.
Según explicó la creadora de contenido, la polémica mediática que se desató en las últimas semanas es consecuencia de una serie de amenazas que ella misma denunció formalmente ante la Fiscalía General de la Nación, y que fueron el detonante para que esa misma entidad solicitara medidas de protección a la UNP. “Hace meses inicié el proceso correspondiente ante las autoridades por las graves afectaciones a mi seguridad. Las amenazas están denunciadas ante la Fiscalía, y fue esta institución la que solicitó medidas de protección debido al riesgo que enfrento”, declaró Muñoz en el video, buscando aclarar el origen de un esquema de seguridad que había sido puesto en duda por algunos sectores críticos que consideraban que la creadora de contenido no cumplía con los requisitos para acceder a dicha protección estatal.
Un relato de acoso y desinformación
Visiblemente afectada pero firme en su tono, Muñoz detalló cómo la cobertura mediática ha vulnerado su esfera personal e invadido la de su familia y su entorno académico. La investigadora señaló que su nombre, su vida y su universidad fueron expuestos al escarnio público como parte de una estrategia para desviar la atención del verdadero motivo de su resguardo: las amenazas que enfrenta. “Ustedes hicieron público mi nombre, expusieron mi vida, mi familia, mi universidad y mis asuntos personales. Construyeron y amplificaron una narrativa falsa y misógina sobre una supuesta relación sentimental con el expresidente Gustavo Petro. Me redujeron a la condición de ‘moza’”, afirmó con crudeza, en una crítica directa a quienes, según ella, “se hacen llamar periodistas y políticos” y que prefieren guardar silencio frente al poder mientras persiguen a las mujeres.
La defensa de Muñoz se fundamentó en un principio de autonomía y dignidad, al recalcar que “ser mujer no convierte a nadie en amante de un hombre”. En su declaración, calificó las insinuaciones como una calumnia que no solo la deshumaniza a ella, sino que invade de manera irresponsable la vida personal del propio exmandatario. “Esa insinuación no solo me calumnia y deshumaniza, también invade de manera irresponsable la vida personal del expresidente”, sentenció, desmarcándose de cualquier vínculo afectivo con Petro y subrayando que la discusión debería girar en torno a su seguridad y no a suposiciones sin fundamento.
Responsabilidad del Estado y una advertencia final
En el mismo video, la creadora de contenido responsabilizó directamente al Gobierno nacional de turno de garantizar su vida e integridad, advirtiendo que si algo le sucede “nadie podrá decir que no lo sabía”. “Mi seguridad no debe depender de mi ideología, opiniones o de quién gobierne”, reclamó Muñoz, en un llamado a que la protección de los ciudadanos amenazados no sea un tema sujeto a debates políticos ni a intereses mediáticos. A su juicio, los medios y algunos políticos convierten su seguridad en “mercancía” para obtener clics y réditos, un juego peligroso que expone a las personas a riesgos reales.
“A quienes intentan intimidarme les digo con claridad: sigo aquí. No van a obligarme a callar.”
Gabriela Muñoz, creadora de contenido e investigadora
Con esta advertencia, Muñoz cerró su intervención reafirmando su presencia y su voz en el espacio público, pese al hostigamiento que asegura haber recibido. Su video no solo busca aclarar los hechos que rodearon la concesión de su esquema de seguridad por parte de la UNP, sino también poner sobre la mesa una discusión más amplia sobre el trato mediático hacia las mujeres que ocupan espacios de opinión y visibilidad, especialmente cuando sus historias son instrumentalizadas para alimentar escándalos políticos que poco tienen que ver con su propia realidad.










