Madre psicóloga relata depresión posparto no tratada tras parto prematuro en Colombia

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Una madre psicóloga, que prefiere mantener su identidad en reserva, ha roto el silencio sobre la depresión posparto que sufrió tras el nacimiento prematuro de su hijo hace 16 años. En un testimonio recogido por Infobae Colombia, relata cómo la atención médica se centró exclusivamente en las complicaciones físicas de ella y del bebé, sin que ningún profesional evaluara su salud mental. La especialista en salud perinatal, doctora Camila Preciado, advierte que este caso refleja un subdiagnóstico generalizado y recuerda que el suicidio materno supera hoy a los trastornos hipertensivos y hemorrágicos como causa de muerte asociada a la maternidad, según un estudio de Moore Simas publicado por ACOG en 2018.

La madre relata que su embarazo fue considerado de alto riesgo desde etapas tempranas debido a una ruptura prematura de membranas que no fue identificada a tiempo. Fue durante una ecografía 3D que los médicos detectaron la falta de líquido amniótico, derivándola de urgencia. El parto se produjo a las 34 semanas de gestación; el bebé pesó 1.710 gramos, con un crecimiento fetal equivalente a las 32 semanas. Desde el quirófano, recuerda la madre, un pediatra le dijo: “Doctor, sí, dejémoselo ver porque no sabemos si el niño mañana amanezca vivo”. El recién nacido fue intubado, oxigenodependiente y permaneció en la unidad de cuidados intensivos neonatales, mientras ella misma era hospitalizada por complicaciones. No pudo ver a su hijo hasta el día siguiente y, debido al bajo peso, no logró amamantarlo.

El silencio del sistema de salud frente a la angustia materna

“Empieza la dinámica de tener que ir a verlo directamente a la UCI, porque él estaba en la UCI, y en ese punto es cuando yo empiezo a tener como un miedo, pero a la vez una necesidad de querer verlo, pero mejor no verlo”, confiesa la madre, psicóloga de profesión. En medio de su propia internación, los pensamientos suicidas se hicieron presentes: “Yo decía, o me dejan salir o me voy a tirar”. Su experiencia fue una montaña rusa de culpa, angustia y rechazo al contacto con su bebé, sentimientos que ella misma describe: “Yo sí quiero a mi hijo, pero no lo quiero ver o no lo quiero tener conmigo”. Pese a su formación profesional, no recibió ninguna terapia formal para la depresión posparto. La red familiar —el padre del niño residía en Cali y ella en una ciudad no especificada— sostuvo el cuidado diario, pero el acompañamiento clínico brilló por su ausencia. “Nunca hubo un acompañamiento profesional”, asegura.

“Hay que hablar de lo que uno siente”

Madre psicóloga, testimonio a Infobae Colombia

La doctora Camila Preciado, especialista en salud mental perinatal, subraya que la depresión posparto no se limita al período inmediato tras el parto, sino que puede aparecer durante el embarazo y hasta doce meses después del nacimiento. Los síntomas incluyen irritabilidad, cambios de humor, dificultad para conciliar el sueño, falta de concentración, frustración, culpa y pérdida de interés. Además, señala una serie de factores de riesgo: red de apoyo deficiente, antecedentes depresivos, estrés constante, embarazo no deseado, violencia intrafamiliar, bajo nivel socioeconómico y la ausencia de convivencia con la pareja. En el caso de esta madre, el padre vivía en otra ciudad, lo que agravaba la soledad.

Tamizaje temprano, la deuda pendiente

La especialista insiste en que la detección debe comenzar desde los controles prenatales mediante herramientas sencillas como las preguntas de Whooley, un tamizaje rápido de dos preguntas sobre el estado de ánimo. Sin embargo, en Colombia, este tipo de evaluación no es rutinaria. Las consecuencias de no tratar la depresión posparto no solo afectan a la madre: los hijos presentan alteraciones en el desarrollo social y cognitivo desde los primeros meses, con mayor riesgo de dificultades emocionales y conductuales. Preciado enumera cinco factores protectores: apoyo social y familiar, reducción del estrés, planificación del embarazo, educación prenatal y acceso a servicios de salud que incluyan psicoterapia.

Para la madre psicóloga, el verdadero alivio llegó seis meses después del parto, cuando al retomar su trabajo encontró en una amiga también psicóloga el espacio para elaborar la experiencia. Ese acompañamiento informal, aunque valioso, no reemplazó la intervención profesional que el sistema de salud le negó. Su testimonio, 16 años después, deja una advertencia clara: la salud mental perinatal sigue siendo la gran olvidada en la atención obstétrica, y cada gestación sin tamizaje es una oportunidad perdida para prevenir tragedias evitables.

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