Colombiano dueño de panadería en Charlotte expulsa a exjefe de patrulla fronteriza

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En un hecho que ha conmocionado a la comunidad latina de Charlotte, Carolina del Norte, el empresario colombiano Manolo Betancourt, propietario de la emblemática Manolo’s Bakery, expulsó el pasado domingo del estacionamiento de su negocio a Gregory Bovino, exjefe de la patrulla fronteriza de Estados Unidos. Betancourt, un exteniente retirado de la Armada de Colombia que emigró al país con 900 dólares y sin hablar inglés, identificó a Bovino mientras este tomaba fotos y videos del local. La discusión, que se prolongó por 40 minutos, escaló rápidamente hacia un tenso intercambio verbal sobre migración y nacionalidad, reabriendo viejas heridas en una ciudad que aún se recupera del clima de miedo dejado por las redadas migratorias de noviembre, en las que el ICE arrestó a casi 400 inmigrantes.

Según relató Betancourt en exclusiva, el encuentro no fue fortuito. El empresario reconoció a Bovino por su papel en operaciones migratorias previas y, al verlo registrando el lugar, le pidió que se retirara. “Me morí de miedo. Al principio estaba temblando. Yo soy panadero, yo no soy Superman”, confesó el dueño de la panadería, que opera desde hace 30 años y que, por primera vez en su historia, cerró sus puertas durante las redadas de noviembre. La respuesta de Bovino, según el testimonio de Betancourt, fue escalar el conflicto: “Nunca podemos estar en el mismo nivel usted y yo”, le habría dicho el exjefe fronterizo, a lo que el colombiano respondió: “En tus manos hay sangre, y en las mías no la hay”.

Choque de visiones y acusaciones de odio

El incidente, que Betancourt calificó como “un intercambio muy fuerte de dos pensamientos muy diferentes”, tuvo un marcado tono racial y migratorio. Bovino, según el testimonio del panadero, intentó llevar la discusión a ese terreno, cuestionando si Betancourt era “lo suficientemente americano” y acusándolo de aceptar inmigrantes en su negocio pero no a “blancos” como él. “Este señor trajo mucha tristeza, mucha oscuridad y mucho miedo a esta ciudad”, sentenció Betancourt, quien con más de 70 empleados distribuidos en sus cuatro negocios, se ha convertido en un referente de la comunidad inmigrante en Charlotte. El empresario, graduado de una universidad privada colombiana y con paso por Stanford, recalcó que la discusión no fue sobre criminalidad, sino sobre humanidad.

“Todos queremos vivir en una sociedad segura donde no existan criminales, pero nuestros campesinos, panaderos, agricultores, albañiles no son criminales, son gente buena”

Manolo Betancourt, empresario colombiano y dueño de Manolo’s Bakery

El exmilitar, nacido en El Carmen de Viboral, Antioquia, y quien emigró huyendo del conflicto interno colombiano, no dudó en proponerle a Bovino una solución: hacer una transmisión en vivo e invitar al Congreso de Estados Unidos para discutir la reforma migratoria. “Lo único que yo pido es que mantengamos las familias unidas”, afirmó. Betancourt, que en el pasado enfrentó una orden de deportación por una situación de la que asegura no tuvo culpa, destacó la paradoja de un sistema que, según él, se beneficia del trabajo de los inmigrantes sin otorgarles derechos plenos. “Nuestros campesinos, panaderos, agricultores, albañiles no son criminales, son gente buena”, insistió.

Un llamado a la acción solidaria

Lejos de quedarse en el conflicto local, Betancourt anunció que su próxima parada será una misión humanitaria en el Chocó, en Colombia, donde planea llevar ayuda y reconstruir panaderías, para luego visitar Manizales y Pereira. El empresario, que lleva 21 años en Carolina del Norte, aseguró que el episodio con Bovino no lo amedrenta, sino que refuerza su compromiso con la comunidad inmigrante. “Nunca podemos estar en el mismo nivel usted y yo”, le espetó el exjefe fronterizo, pero Betancourt, con la firmeza de quien ha construido un imperio desde cero, le respondió con la verdad de sus manos limpias. La panadería, que ya había sido símbolo de resistencia al cerrar durante las redadas de noviembre, vuelve a ser el epicentro de una discusión que trasciende los límites del estacionamiento.

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