En una tarde que volvió a encender el debate sobre la justicia por mano propia en Bogotá, habitantes del barrio Carvajal, en la localidad de Kennedy, al sur de la ciudad, retuvieron y agredieron a un presunto ladrón, para luego quemar la motocicleta en la que se movilizaba junto a un cómplice que logró huir. El hecho ocurrió el lunes 14 de septiembre de 2026, cuando vecinos del sector detectaron a dos hombres que, según señalamientos de la comunidad, estarían cometiendo robos en la zona. La persecución fue inmediata: los residentes interceptaron al sospechoso, lo rodearon y le propinaron golpes, mientras otros grababan la escena con sus teléfonos celulares y uno de ellos portaba una correa, en medio de una tensa situación que duró varios minutos.
El video de la retención fue difundido por la cuenta en X «Pasa en Bogotá», y en cuestión de horas generó cientos de reacciones divididas entre quienes aplaudieron la reacción vecinal y quienes alertaron sobre los peligros de la llamada «paloterapia». «Excelente servicio», comentó un usuario anónimo en la red social, en una muestra del respaldo que cosechan estas acciones entre algunos sectores. Sin embargo, otras voces fueron más extremas: «Me parece que está mal que no lo quemen junto con la moto», escribió otro usuario, reflejando una corriente que reclama castigos aún más severos. En contraste, un tercer internauta advirtió que «cuando las instituciones actúan como instrumentos de impunidad, la gente termina aplicando una supuesta justicia divina», en alusión directa a la desconfianza ciudadana hacia la Policía y la Fiscalía.
Un debate que se reaviva en medio de la impunidad
El caso del barrio Carvajal no es un hecho aislado en el país. Apenas seis días antes, el 8 de septiembre de 2026, en Pereira, un hombre conocido como alias «El Zarco» fue amarrado con cinta y vinipel a un poste por habitantes de ese sector, también señalado de cometer robos sin que mediara confirmación judicial. Ambos episodios reavivan el debate sobre los límites de la autotutela y el riesgo de que la ciudadanía, ante la percepción de inacción estatal, opte por aplicar castigos físicos que pueden derivar en lesiones graves o incluso en linchamientos. Hasta el cierre de esta edición, no se había precisado si la Policía Metropolitana de Bogotá intervino durante los hechos en Kennedy, ni si el detenido fue trasladado a una estación para iniciar un proceso legal en su contra, lo que deja en el aire la pregunta sobre si la justicia formal logrará hacer presencia en un barrio donde la comunidad ya decidió tomar cartas en el asunto.










