Margarita Rosa de Francisco se arrepiente de errores en activismo político

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La actriz colombiana Margarita Rosa de Francisco, de 61 años, realizó una profunda reflexión sobre su vida personal, su relación con el cuerpo y su activismo político en una entrevista concedida al programa Los Informantes de Caracol Televisión, donde reveló detalles íntimos sobre la cirugía facial a la que se sometió, su historial de ejercicio intenso como castigo, la soledad que experimenta y los errores cometidos durante su respaldo al gobierno de Gustavo Petro. La entrevista, emitida recientemente por el canal colombiano, muestra a una actriz que ha decidido hacer un balance honesto de sus decisiones, contradicciones y aprendizajes a lo largo de las décadas.

Margarita Rosa, reconocida por su larga trayectoria en televisión y cine, admitió que hace seis años, cuando tenía 56, declaró que no se sometería a cirugías estéticas, pero finalmente optó por un procedimiento facial conocido como deep plane, diseñado para reorganizar los tejidos sin dar una apariencia estirada. “Yo me siento contenta, porque además no creo que mis 61 años se hayan ido. Ahí están”, afirmó la actriz, quien también vinculó el dolor y la angustia con una posible vanidad de sentirse más interesante o mejor escritora. Su reflexión sobre la estética la llevó a declarar que “para mí la belleza es como un concepto mucho más alto que lo bonito”.

Un cuerpo castigado por el ejercicio violento

En la conversación, la actriz confesó que durante años mantuvo una relación violenta con su propio cuerpo, utilizando el ejercicio físico como un castigo. “Me toca hacer ya un ejercicio no tan violento. He sido muy violenta con mi cuerpo”, dijo, y explicó que en el pasado entrenaba “casi como castigo por comer”. Actualmente, Margarita Rosa entrena una hora diaria con métodos menos agresivos, aunque las consecuencias de aquella época persisten: ha sido sometida a una cirugía de espalda, tiene tornillos en distintas zonas del cuerpo, y mencionó la posible necesidad de un reemplazo de cadera e intervenciones en las rodillas. “El cuerpo de la mujer es un cuerpo muy vigilado, profundamente político”, sentenció, aludiendo a la presión social que enfrentan las mujeres en torno a su apariencia física.

La soledad y el miedo a existir

La entrevista también abordó la soledad que experimenta la actriz, un sentimiento que, según sus palabras, está ligado tanto a sus relaciones afectivas como a temores existenciales más profundos. “He aprendido a las patadas. He sufrido también bastante”, confesó sobre el amor, y agregó que “uno a veces también se vuelve adicto a sus miedos, a sus angustias”. En un tono íntimo, Margarita Rosa reveló que “a mí me intrigaba mucho el pánico que me daba existir solamente”, y describió esa sensación como algo extraño: “Hay otros que nos da pánico estar. Estar. Es raro. Es raro estar”. Estas reflexiones surgieron en un momento de la conversación donde la actriz vinculó la soledad con una posible vanidad de sentirse más interesante o mejor escritora.

“A mí me intrigaba mucho el pánico que me daba existir solamente”

Margarita Rosa de Francisco, actriz

El activismo político: errores y consecuencias

Margarita Rosa de Francisco, conocida por su activismo a favor del gobierno de Gustavo Petro, reconoció abiertamente que cometió errores durante su exposición pública. “He dicho muchos disparates”, admitió, y explicó que “dije cosas que creo que no tenía por qué decir”. La actriz confesó que en su respaldo defendió personas y no solo ideas, lo que consideró imprudente, y que ese activismo le costó la pérdida de amistades y el alejamiento de personas cercanas. “No vale la pena si va a afectar a miembros de mi familia”, dijo sobre las consecuencias de su exposición política, aunque aclaró que “siempre voy a estar abierta a revisar lo que pienso”. Con esta declaración, la artista deja claro que no se aferra rígidamente a sus posiciones, sino que está dispuesta a reconsiderarlas con el tiempo.

La entrevista, que ha generado amplia repercusión en medios colombianos y redes sociales, muestra a una Margarita Rosa de Francisco que, a sus 61 años, hace un ejercicio de autocrítica sobre su trayectoria, tanto en lo personal como en lo público. Entre la cirugía facial, el castigo físico autoimpuesto, la soledad existencial y los traspiés políticos, la actriz se presenta como una mujer que ha aprendido de sus contradicciones y que, a pesar del sufrimiento, mantiene una mirada serena y abierta hacia el futuro.

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