Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores, se impuso el domingo 25 de octubre en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil con el 51,77% de los votos, equivalentes a 64.169.977 sufragios, frente al 48,23% obtenido por Flávio Bolsonaro, quien alcanzó 59.789.320 votos. El Tribunal Superior Electoral de Brasil contabilizó el 99,90% de las mesas, y la diferencia entre ambos candidatos superó los 4,3 millones de sufragios, lo que representa una ventaja del 3,54% para el ganador. Este resultado es interpretado como un punto de inflexión para el rumbo ideológico de América Latina, y las reacciones en Colombia no se hicieron esperar, dividiendo a la clase política entre celebraciones por el triunfo progresista y duras denuncias de fraude provenientes de sectores de derecha.
Celebración del progresismo colombiano
El expresidente Gustavo Petro celebró el triunfo con un mensaje contundente: «Se ha detenido el fascismo en América Latina en Brasil. El pueblo brasileño libre logró frenar la avalancha de los bots falsos y el sistema electoral con software público y bien cuidado por la gente evitó fraudes, se salva la justicia social en Brasil y el intento extranjero de quedarse con sus recursos naturales». En un segundo mensaje, Petro agregó: «Muy bien Lula. Este es un triunfo para la humanidad y una derrota estratégica para las fuerzas de la oscuridad». El expresidente Ernesto Samper también se pronunció, felicitando a Lula da Silva y calificándolo como «el Pelé del progresismo latinoamericano», y añadió que su victoria es «la victoria de la libertad, la igualdad y la soberanía contra el hegemonismo neoliberal que está haciendo tanto daño en el mundo», con la esperanza de que su ejemplo sea imitado en las próximas elecciones de Israel y Estados Unidos.
La representante a la Cámara por el Pacto Histórico, María Fernanda Carrascal, grabó un video desde Brasil durante el escrutinio, destacando la movilización de organizaciones políticas de la región: «Bueno, en este momento estamos felices, tenemos el corazón muy contento, muchísima esperanza en América Latina y esto lo está consiguiendo el pueblo brasileño», dijo, y agregó que esto involucra a «todo el pueblo latinoamericano, porque todos y todas le hemos metido toda nuestra fuerza, toda nuestra energía, también hasta trabajo de los colombianos, de los venezolanos, de los argentinos, de los uruguayos, de todos y todas quienes nos hemos movilizado por esta causa común». Por su parte, la exsenadora del Pacto Histórico María José Pizarro escribió en sus redes sociales: «#LulaOMaiorDeTodos nos demostró que la esperanza es posible y el amor el único camino para tocar cada corazón de nuestro pueblo», y en otro mensaje afirmó: «¡El fascismo no es invencible! Perder por un punto duele, pero no nos confunde. Somos millones y seremos millones más, volveremos con más fuerza». La senadora Jennifer Pedraza también se sumó a las celebraciones con un tono desafiante hacia la derecha colombiana: «A llorar a la llorería. Lula Da Silva Presidente de Brasil y vocero continental de la lucha por la soberanía de los países latinoamericanos», y añadió que las grandes tecnológicas y el trumpismo hicieron todo para detener su victoria, pero no pudieron, gracias al liderazgo de Lula.
«Se ha detenido el fascismo en América Latina en Brasil. El pueblo brasileño libre logró frenar la avalancha de los bots falsos y el sistema electoral con software público y bien cuidado por la gente evitó fraudes, se salva la justicia social en Brasil y el intento extranjero de quedarse con sus recursos naturales».
Gustavo Petro, expresidente de Colombia
Denuncias de fraude desde la derecha
Mientras tanto, la senadora Sara Castellanos, del partido Salvación Nacional, denunció un supuesto fraude electoral: «Se robaron las elecciones en Brasil. El magistrado Zanin, abogado de Lula y coordinador de su campaña política en 2022, hoy ordenó cambiar las reglas de la jornada electoral en Brasil. Se están robando la democracia en Brasil». En un segundo mensaje, Castellanos lanzó una advertencia: «Querían hacer lo mismo en Colombia, pero aquí tenemos una institucionalidad fuerte. ¡Ladrones, no pasarán!» La excongresista María Fernanda Cabal, quien estuvo en Brasil apoyando a Flávio Bolsonaro durante el recuento de votos, reposteó un mensaje de la comunicadora Luisa Gómez Grisales, identificada como militante del Partido Republicano de Colombia, en el que se cuestionaba la legitimidad del triunfo: «¿De verdad creen que Lula ganó en franca lid? Les conviene leer sobre el Foro de São Paulo, el origen de Chávez, el salto al Grupo de Puebla y por qué ese hombre es el más peligroso de todos los comunistas. La ideología por moda es bacana, pero la doctrina es necesaria también».
Tomás Uribe, hijo del expresidente Álvaro Uribe, optó por una crítica más equidistante, señalando que la «nueva derecha» tiene la misma arrogancia moral del «wokismo» y que ambos resultan igual de fastidiosos por perder el sentido práctico y el sentido común enfrascados en «batallas culturales». Según Uribe, ambos bandos se olvidan de principios básicos que le han hecho bien a la especie humana: libertad, solidaridad, diversidad y eficiencia, siendo «dos caras de la misma moneda». Estas declaraciones provocaron respuestas irónicas de sectores progresistas. La excongresista Angélica Lozano le escribió directamente a Cabal: «Mafe lo salaste, gracias de corazón ❤️», mientras que Jennifer Pedraza dirigió su mensaje a la excongresista con sarcasmo, celebrando que el triunfo de Lula se produjo a pesar de los esfuerzos de las grandes tecnológicas y del trumpismo.
El resultado de las elecciones brasileñas deja en evidencia la profunda polarización que atraviesa la región y también a la política colombiana. Mientras unos celebran la llegada de un nuevo ciclo progresista con Lula da Silva al frente, otros denuncian una supuesta manipulación del proceso electoral. Lo cierto es que el líder del Partido de los Trabajadores se consagra por cuarta ocasión como presidente de Brasil, y su triunfo es visto por muchos como un freno al avance de la ultraderecha en Sudamérica, en una jornada que, con el 99,90% de las mesas escrutadas, definió un nuevo capítulo en la historia política del continente.










