El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, dio un giro inesperado a su política de nombramientos diplomáticos al ordenar dejar sin efecto el listado de candidatos que había preparado para ocupar varias embajadas. En su lugar, el mandatario anunció la apertura de una convocatoria interna, abierta y transparente, dirigida exclusivamente a funcionarios de la carrera diplomática, para seleccionar a los jefes de misión en cinco sedes estratégicas. Este proceso comenzará el viernes 30 de octubre con la publicación de la convocatoria, que estará abierta hasta el martes 3 de noviembre. Posteriormente, entre el 4 y el 5 de noviembre, un comité integrado por la Secretaría General, la Dirección de Talento Humano, la Academia Diplomática y la Oficina Jurídica se encargará de revisar las hojas de vida de los aspirantes, y el viernes 6 de noviembre los perfiles finalistas serán presentados al presidente para su decisión. Las embajadas que serán cubiertas bajo este nuevo mecanismo son las de Dinamarca, Egipto, Filipinas, Finlandia y Vietnam.
Esta determinación se produjo luego de que el medio digital Cambio revelara que, a casi ochenta días de gobierno, De la Espriella había designado o postulado a veintidós embajadores, de los cuales ninguno pertenecía a la carrera diplomática, incumpliendo así una de sus promesas de campaña de fortalecer el servicio exterior con criterios de eficiencia y mérito. La primera lista incluía a exfuncionarios, empresarios, abogados, dirigentes políticos y personas cercanas al mandatario. Cabe recordar que la normativa colombiana exige que al menos el veinte por ciento de los embajadores sean funcionarios de carrera, una meta que el gobierno había incumplido sistemáticamente. Datos históricos indican que entre el año 2000 y 2024, más del setenta y dos por ciento de los cargos en las embajadas fueron asignados a personas ajenas al escalafón diplomático.
Defensa del mérito en el servicio exterior
En su anuncio, el presidente De la Espriella fue contundente al justificar su decisión. «He ordenado dejar de lado ese listado y adelantar un proceso que permita verificar objetivamente las capacidades, la experiencia y las condiciones de los aspirantes», afirmó el mandatario. En la misma línea, agregó una reflexión que marcó el tono de su intervención: «El mérito no puede ser una consigna que se exige en público y se desconoce en privado». Con estas palabras, el jefe de Estado buscó distanciarse de las prácticas que han caracterizado el reparto de embajadas en administraciones anteriores y enviar una señal de transparencia hacia adentro de su Gobierno.
«El mérito no puede ser una consigna que se exige en público y se desconoce en privado»
Abelardo de la Espriella, Presidente de Colombia
Entre los veintidós embajadores inicialmente propuestos por el Gobierno, que quedaron sin efecto, figuraban nombres como María Consuelo Araújo para Estados Unidos, Tania Gilinski para Israel, Carlos Felipe Mejía para España, Juan Gonzalo Ospina para Bélgica (ante la Unión Europea y la OTAN), Miguel Uribe Londoño para el Reino Unido, Alberto Rafael Sarabia para Italia y Luis Alfonso Plazas Vega para Perú. También fueron designados empresarios como Jorge Jaller para Venezuela, Jaime Alberto Ochoa para Emiratos Árabes Unidos y Edgardo Tomás Jaramillo para Panamá. Al menos seis de esos nombramientos correspondían a personas vinculadas con la región Caribe, entre ellas Orlando Abello para Costa Rica, Miguel Arrázola para El Salvador y Juan Carlos Gossaín para Francia.
En paralelo a esta convocatoria interna, el Gobierno adelanta los trámites para nombrar en propiedad a los embajadores de Colombia en Alemania y Canadá, dos cargos que también serán ocupados por funcionarios de carrera diplomática. De esta manera, el Ejecutivo intenta corregir el rumbo en su política exterior, aunque la sombra de las designaciones previas y el peso de la historia –con más de siete de cada diez embajadores salidos del clientelismo y no de la carrera– plantean dudas sobre la efectividad real de este cambio de timón.










