El conversatorio “Women in Politics”, realizado en la Universidad del Rosario de Bogotá y convocado para debatir la participación femenina en el Congreso, se convirtió en el escenario de un nuevo y áspero enfrentamiento entre las representantes María Fernanda “Mafe” Carrascal, del Pacto Histórico, y Carol Borda, del partido Salvación Nacional. Lo que debía ser un espacio institucional para visibilizar la lucha por la equidad de género terminó en un intercambio público de acusaciones sobre la legitimidad de sus curules, los mecanismos de acceso al Congreso y el comportamiento de ambas durante el evento.
La discusión, que tuvo como telón de fondo las diferencias entre las listas cerradas y paritarias impulsadas por algunos sectores y los caminos individuales de otras congresistas, no fue un hecho aislado. Carrascal y Borda ya habían protagonizado roces públicos en ocasiones anteriores, pero esta vez el choque escaló a un nivel más profundo, pues ocurrió justamente en un espacio dedicado a la sororidad política. En la misma mesa también participaron Paloma Valencia y Diana Castillo, aunque sus intervenciones no pasaron del registro anecdótico frente al cruce protagonizado por las dos congresistas.
El detonante fue la intervención de Carrascal, quien defendió su curul asegurando que no llegó por favores ni por cuotas políticas, sino por el respaldo ciudadano. En un video difundido posteriormente en su cuenta de X, la representante del Pacto Histórico afirmó: “Ahora resulta que nos volvimos a ganar en un paquete de papas nuestra curul, cuando soy la mujer más votada en Bogotá”. Esta declaración estuvo acompañada de duras críticas hacia Borda, a quien acusó de haber llegado al auditorio de manera hostil: “No como tú (Carol Borda), cuando llegaste irrumpiendo, golpeando, insultando y queriendo hacer aparentemente que te golpeen para poder salir en un video”. Carrascal también defendió las listas cerradas, paritarias y de cremallera como herramientas necesarias para ampliar la participación femenina en el poder legislativo.
Una disputa por la legitimidad y los votos
La respuesta de Carol Borda no se hizo esperar. En su réplica en la misma red social, la congresista de Salvación Nacional puso en duda las cifras presentadas por su colega. “El ego de Mafe ha sido golpeado duramente para dedicarme tantos videos. Hasta no ver el certificado CNE del 8 de marzo, no creer”, escribió Borda, cuestionando la afirmación de Carrascal de haber obtenido más de 65.000 votos en la consulta del Pacto Histórico en Bogotá, una cifra que la convierte, según ella, en la mujer más votada de la capital. Borda, además, ironizó sobre los apoyos de su contrincante: “Pero espera, aun si no, ¿me estás diciendo entonces que, a diferencia tuya, yo logré lo que logré sin la billetera del Estado? ¿Sin cuotas políticas en el grupo de género de Mininterior y demás? ¿Sin voto fusil? ¿Y en mi primer intento? Gracias por seguirme animando”. Con estas palabras, Borda no solo descalificó el resultado electoral de Carrascal, sino que la acusó indirectamente de haber utilizado recursos estatales y mecanismos poco transparentes para llegar al Congreso.
La denuncia colectiva
El enfrentamiento, que trascendió las redes sociales y captó la atención de la opinión pública, parece no tener punto final. En medio de la escalada, Carrascal anunció que dará un paso más allá: “Próximamente vamos a hacer una denuncia grande sobre lo que está pasando en el Congreso de la República”, declaró, adelantando una acción colectiva contra los ataques que, según ella, han sufrido las congresistas del Pacto Histórico. Este anuncio eleva el conflicto a un plano jurídico y político, mientras el debate de fondo sobre cómo se alcanza la representación femenina en el Legislativo queda, paradójicamente, en segundo plano.
“Hasta no ver el certificado CNE del 8 de marzo, no creer”
Carol Borda, representante a la Cámara por Salvación Nacional
Las consecuencias de este cruce trascienden lo personal. Por un lado, expone las profundas fracturas entre los sectores feministas de distintas fuerzas políticas, que pese a compartir un objetivo común de equidad, difieren radicalmente en las estrategias y en la manera de concebir el acceso al poder. Por otro, pone en duda la credibilidad de las cifras electorales y los mecanismos de elección, un tema sensible en un país que discute una reforma política. Mientras tanto, la opinión pública asiste a un espectáculo donde las protagonistas, que deberían ser ejemplo de debate democrático, se enredan en ataques personales y descalificaciones mutuas, dejando de lado la esencia de un conversatorio sobre el papel de las mujeres en la política.










