El exguerrillero y político colombiano Antonio Navarro Wolff, fallecido el pasado 1 de noviembre de 2026 a los 78 años, sufrió en mayo de 1985 un atentado con granada mientras desayunaba en una cafetería de Cali. La explosión le destrozó la pierna izquierda y alojó más de cien esquirlas en su cuerpo, además de causarle secuelas permanentes en el habla al lesionar el nervio hipogloso en el cuello. En ese momento, Navarro Wolff era representante del M-19 en medio de las conversaciones de paz que adelantaba la guerrilla con el gobierno de Belisario Betancur.
La granada estalló directamente contra su pie izquierdo. Años después, el mismo Navarro Wolff describió el horror en una entrevista con la revista Bocas: «La granada estalló contra mi pie izquierdo y quedé como si con una cuchara de heladería me hubieran sacado un bocado del pie. En el hueco me cabía el puño». Más de cien esquirlas se incrustaron en distintas partes de su anatomía. Permaneció veinte días internado en el Hospital Universitario del Valle, en Cali, y luego fue trasladado a Ciudad de México por gestión de un grupo de periodistas y personalidades, donde estuvo una semana más en el Hospital Mocel antes de la amputación.
La amputación y una prótesis que lo acompañó por 36 años
Fue en la capital mexicana donde, bajo anestesia raquídea y completamente despierto, los médicos decidieron amputarle la pierna izquierda. Antes de la intervención, Navarro Wolff le dijo al traumatólogo Vicente Rojo: «Si tiene que cortarme la pierna, ¡adelante!». Tras la operación, comparó el yeso postoperatorio con «la pata de una mesa de cafetería» y dejó enterrado en México un pedazo de su pierna. La prótesis que recibió entonces lo acompañó durante más de tres décadas. En 2024, a sus 76 años, explicaba por qué seguía usando la misma: «No, esta la tengo desde 1990. El pie es alemán y cada tanto le hacen reparaciones y ajustes. Hay pies más modernos ahora, pero esto es como los zapatos viejos: uno se acostumbra, se amaña y no sale de ellos». Pese a las limitaciones, tras recibir una prótesis moderna llegó a caminar cuarenta cuadras cantando, subió al volcán Galeras y visitó páramos.
«Si tiene que cortarme la pierna, ¡adelante!»
Antonio Navarro Wolff, al traumatólogo Vicente Rojo
La explosión también le alteró la forma de expresarse. Una esquirla alcanzó el nervio hipogloso en su cuello, lo que le produjo un defecto permanente que él mismo resumía con crudeza: «Quedé hablando a media lengua». Además, sufrió un shock anafiláctico y sobrevivió gracias a la intervención de un primo médico que lo acompañaba. A pesar de la violencia del ataque, Navarro Wolff se convirtió con los años en un símbolo de reconciliación. En un acto político, reconoció entre el público a la persona que intentó matarlo y le otorgó el perdón público: «Aquí veo entre el público a la persona que trató de matarme. Pero quiero decirle públicamente que está totalmente perdonado, que no se preocupe, que esa historia quedó atrás», declaró en entrevista con El Tiempo.
«Quedé hablando a media lengua»
Antonio Navarro Wolff
El atentado se produjo en el contexto de las conversaciones de paz entre el M-19 y el Gobierno, meses antes de que esa misma guerrilla protagonizara la toma del Palacio de Justicia, en noviembre de 1985, un hecho independiente del ataque contra Navarro Wolff. La noticia de su muerte, ocurrida el 1 de noviembre de 2026, ha rescatado esta historia de resiliencia y perdón, recordando a un hombre que convirtió una tragedia personal en un mensaje de esperanza y superación.










