Una alarmante realidad reveló la más reciente encuesta del Programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán en Bogotá: el 84,8 por ciento de los jóvenes capitalinos duerme menos de siete horas por noche, una cifra muy inferior a las 7 a 9 horas recomendadas para su edad. Este déficit de sueño tiene a los especialistas en alerta por las graves consecuencias que puede acarrear en la salud física y mental de esta población.
Los datos, obtenidos a través de una encuesta realizada por el programa académico, no solo evidencian la falta de horas de descanso, sino que también muestran un panorama de fatiga generalizada. Un 82,1 por ciento de los encuestados afirmó despertarse cansado o sin energía, lo que indica que la calidad del sueño es tan deficiente como su cantidad. Frente a este panorama, expertos consultados por Infobae Colombia analizaron las causas y ofrecieron recomendaciones para romper este ciclo perjudicial.
Las causas del insomnio juvenil: estrés, pantallas y preocupaciones
El estudio identificó que la dificultad para conciliar el sueño responde a múltiples factores. El principal obstáculo, mencionado por el 45,7 por ciento de los jóvenes, es el estrés, la ansiedad o el exceso de pensamientos. A este le siguen las responsabilidades académicas y laborales, que afectan al 35,8 por ciento, y las preocupaciones económicas o deudas, que impactan al 27,8 por ciento. «Es preocupante que la población joven no esté descansando. Estas alteraciones pueden llevar a problemas o enfermedades mentales», advirtió Diego Gutiérrez, director del Programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán. Asimismo, el 21,9 por ciento de los encuestados señaló el uso de pantallas, como el celular, las redes sociales o la televisión, como un factor que interfiere directamente con su descanso, mientras que el 26,5 por ciento mencionó problemas familiares o personales.
«Lo que buscamos durante el sueño es llegar a la fase REM, es decir, a etapas más profundas. En esa fase es donde soñamos y descansamos realmente»
Diego Gutiérrez, director del Programa de Terapia Respiratoria de la Universidad Manuela Beltrán
Los especialistas subrayan que el déficit crónico de sueño no es un asunto menor. Miguel Silva, médico neurólogo y somnólogo, jefe del Servicio de Neurología de la Sociedad de Cirugía de Bogotá – Hospital de San José, explicó que «en personas jóvenes puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular o cerebrovascular, así como los problemas de atención, concentración y memoria». Por su parte, la neuróloga Cheryl Jiménez, de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana, detalló los procesos vitales que ocurren durante el descanso: «El sueño tiene distintas etapas… Cada una cumple funciones fundamentales, como la regulación de la hormona del crecimiento y del sistema inmunitario, la reparación de tejidos y la eliminación de proteínas de desecho producidas por las neuronas, entre ellas el amiloide, relacionado con la enfermedad de Alzheimer». La experta añadió que «cuando el descanso es insuficiente de forma crónica, estos procesos pueden verse comprometidos. La falta persistente de sueño se ha asociado con dificultades de memoria y con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, aunque no constituye por sí sola una causa directa de demencia».
La psicóloga Andrea Larrea, de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, aportó una visión complementaria al señalar la naturaleza bidireccional del problema. «La relación entre el descanso y la salud mental es bidireccional. La falta crónica de sueño puede afectar la regulación emocional, mientras que la ansiedad, la depresión y otros malestares psicológicos pueden dificultar la conciliación o el mantenimiento del sueño», afirmó. Esta dinámica puede generar un círculo vicioso difícil de romper. Larrea explicó que «cuando una persona permanece despierta durante mucho tiempo en la cama, con pensamientos recurrentes o frustración por no lograr dormir, puede asociar ese lugar con ansiedad. Esta relación puede sostener el ciclo del insomnio».
Hacia un descanso reparador: las claves de los expertos
Para combatir esta problemática, los especialistas coinciden en la importancia de establecer rutinas de higiene del sueño. Una de las recomendaciones principales es mantener horarios regulares. «Es importante que, a la medianoche, la persona ya esté dormida. Lo ideal es acostarse entre las 10:30 p. m. y las 11:00 p. m. de modo que pase la medianoche y las primeras horas de la madrugada en sueño», indicó el neurólogo Miguel Silva. Dormir siete horas en horarios irregulares no proporciona el mismo beneficio que hacerlo de manera consistente. Entre otras sugerencias de los expertos se encuentran elaborar una lista de preocupaciones antes de dormir para liberar la mente, cenar al menos dos horas antes de acostarse, evitar el consumo de cafeína y bebidas oscuras, y, de manera crucial, eliminar el uso de dispositivos electrónicos del dormitorio. También recomiendan reducir la exposición a pantallas antes de acostarse, exponerse a la luz natural durante la mañana para regular el ciclo circadiano y establecer rutinas de transición como la lectura o ejercicios de respiración. La cama debe ser un espacio reservado exclusivamente para dormir, evitando comer, trabajar o ver televisión en ella.
Los especialistas también advierten sobre los microdespertares, esos breves instantes en los que la persona se despierta para cambiar de posición, y que alteran el ciclo del sueño impidiendo alcanzar la fase REM profunda. Problemas de salud como los ronquidos fuertes pueden requerir estudios especializados como la polisomnografía. La falta de sueño, además, aumenta la susceptibilidad a infecciones como el herpes o la gripe, altera el ciclo menstrual en las mujeres y contribuye a la hipertensión arterial. En el plano mental, el insomnio crónico se asocia con irritabilidad, impulsividad, ansiedad, angustia y depresión, consolidando la urgencia de atender un problema que ya afecta a la gran mayoría de los jóvenes en la capital colombiana.










