Un atentado con cilindros bomba sacudió el casco urbano de Planadas, en el sur del Tolima, la noche del sábado, alrededor de las 9:00 p.m., y dejó un saldo preliminar de cuatro personas muertas, varios heridos —sin que hasta el momento se conozca una cifra exacta— y daños en el 80 por ciento de la infraestructura física del hospital local. Las detonaciones alcanzaron viviendas y el principal centro asistencial del municipio, cuyas instalaciones quedaron seriamente comprometidas, según la fotografía difundida por la agencia EFE con base en información del Ministerio de Salud, en la que se aprecian los destrozos en el edificio hospitalario y en varias casas aledañas.
El líder cafetero Camilo Enciso, de 53 años, se encontraba en su vivienda, ubicada a unas cuatro cuadras del sitio de la detonación, junto a su esposa y su hija de cinco años cuando escuchó la primera explosión. En diálogo con Blu Radio, el dirigente gremial describió la secuencia de detonaciones como un estruendo que removió el suelo y desató el pánico entre los habitantes del casco urbano, quienes, por la intensidad y la secuencia de los estallidos, descartaron rápidamente que se tratara de un ataque con drones y salieron a buscar dónde protegerse en medio de la incertidumbre.
«Fue un estruendo muy, muy fuerte y sacudió todo el pueblo. Se movió todo, nos movió el piso como si fuera un temblor»
Camilo Enciso, líder cafetero de Planadas
«Nos devolvimos 30 años»: la memoria de un territorio que ya vivió la guerra
Para Enciso, el episodio del sábado no solo dejó muerte y destrucción material: reactivó una memoria que la comunidad creía superada. El líder recordó que hace tres décadas, en jurisdicción de Gaitania, las explosiones eran parte de la rutina de los habitantes cada vez que se producían tomas guerrilleras, y advirtió que lo ocurrido devuelve al municipio a esa época de desplazamientos, temor y ataques armados que los caficultores intentaron dejar atrás con años de trabajo colectivo.
«Hace 30 años en Gaitania vivíamos esas explosiones constantemente cuando se hacían las tomas guerrilleras. Lo que sucedió anoche sí nos acongoja el corazón porque es volver a lo que vivíamos hace 30 años constantemente en el territorio»
Camilo Enciso, líder cafetero de Planadas
La historia de Planadas explica esa sensación de retroceso. El municipio está ubicado cerca de la vereda Marquetalia, escenario históricamente asociado al surgimiento de las Farc, y en los años noventa su territorio estuvo además marcado por los cultivos de amapola. Sobre esa geografía de conflicto, las comunidades construyeron en las últimas décadas procesos de reconciliación y de desarrollo económico alrededor del café, entre ellos un acuerdo de paz entre comunidades indígenas Nasa y las Farc firmado hace 27 años, así como el legado de la Comisión de la Verdad en el parque de Gaitania, donde quedó instalado el mensaje del perdón y la no repetición.
El propio Enciso señaló que, pese a la presencia de un batallón del Ejército cerca del sector, la instalación militar no sufrió daños y el ataque afectó principalmente a la población civil. La respuesta institucional ha involucrado a la Gobernación del Tolima, la Policía Nacional y el Ejército, en medio de un panorama en el que el texto conocido hasta ahora no atribuye el atentado a ningún grupo armado, no reporta capturas y tampoco precisa una fecha exacta distinta a la de «la noche de este sábado».
El llamado del líder cafetero, sin embargo, apunta a lo que la comunidad considera su derecho más elemental: permanecer en el territorio y trabajarlo. «Nosotros le apostamos a la paz de este país y de este mundo, y queremos que este terruño, que es tan lindo, nos permita disfrutarlo», dijo Enciso, mientras Planadas intenta reponerse de una noche en la que, según sus propias palabras, el sur del Tolima «nos devolvimos 30 años».










