Aranceles hasta el 35% a más de 120 productos prepara el Gobierno

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El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, bajo la dirección de la ministra Diana Marcela Morales, avanza en la preparación de un decreto que contempla el aumento de aranceles hasta un 35% para más de 120 productos de uso cotidiano, una medida que el Gobierno del presidente Gustavo Petro defiende como una estrategia para fortalecer la producción nacional. La iniciativa, denominada por la propia ministra como «aranceles inteligentes», busca corregir las distorsiones generadas por las importaciones provenientes de países con los que Colombia no mantiene acuerdos comerciales vigentes, respondiendo así a un contexto internacional marcado por asimetrías en la competencia. Aunque no se ha fijado una fecha exacta para su publicación, el decreto ya se encuentra en fase de proyecto y se proyecta como una herramienta de transformación productiva que no aplica una lógica uniforme, sino que se adapta a las capacidades de cada cadena de valor.

El mecanismo propuesto establece recargos adicionales del 10% y 20% sobre productos que actualmente pagan aranceles del 5%, 10% o 15%, lo que resulta en tarifas finales que oscilan entre el 20% y el 35%. Entre los bienes que verían un incremento hasta el 20% se encuentran ganchos de madera para prendas de vestir, envases de papel y cartón, así como asientos y tapas de inodoro fabricados en plástico. Aquellos productos que alcanzarían una tarifa del 25% incluyen artículos de marquetería, cofrecillos y estuches de madera, asientos con armazón de metal, colchones de caucho o plástico, y una variedad de cepillos de aseo personal, como los destinados al cuidado dental, capilar y de pestañas y uñas. Para los productos que llegarían a una tasa del 30%, se contempla un recargo del 20% sobre artículos como vidrios de seguridad templados, suelas y tacones de caucho o plástico, y cierres de cremallera, exceptuando aquellos fabricados con dientes de metal común, además de botones de presión y de plástico.

Impacto en el sector del calzado y la confección

El sector del calzado es uno de los más directamente afectados, pues el decreto 594 de 2026 ya estableció un arancel del 35% para el calzado de bajo valor, definido como aquel con un precio inferior a 24.000 pesos colombianos, equivalentes a unos 7 dólares por par. Esta medida busca frenar el avance de importaciones que, según datos del primer trimestre de 2025 y 2026, registraron un crecimiento del 3,7%, pasando de 128,7 millones a 133,5 millones de dólares. En marzo de 2026, las importaciones de calzado alcanzaron los 49,2 millones de dólares, un incremento del 24,1% respecto al mismo mes del año anterior, con China liderando la participación con un 56,2%, seguida de Vietnam con un 26,3% e Indonesia con un 12,8%. Entre los productos que alcanzarán la tarifa máxima del 35% se encuentran artículos de vidrio para mesa o cocina, prendas y guantes de cuero, sombreros, mantas de fibras sintéticas, y una gama de utensilios de limpieza como cepillos, escobas y brochas.

«El objetivo del gobierno del presidente de la República, Gustavo Petro, es fortalecer la producción nacional y corregir distorsiones causadas por importaciones originadas en países con los que Colombia no tiene acuerdos comerciales vigentes.»

Diana Marcela Morales, Ministra de Comercio, Industria y Turismo

La lista de productos afectados es extensa e incluye artículos de uso diario como edredones, cojines, almohadas, colchas y cobertores, así como bolsas de dormir, carpas de acampar fabricadas con fibras sintéticas, y ropa de cama tanto de algodón como de materiales sintéticos. También se verán impactados los toldos, baldes, canastos para ropa, jaboneras y percheros de plástico, junto con utensilios de cocina, recipientes para alimentos y vasos, y artículos de oficina y escolares como carpetas, organizadores de escritorio y escuadras. La medida, que se enmarca en una estrategia de transformación productiva, busca proteger a la industria nacional frente a la competencia desleal y las asimetrías del comercio internacional, sin que ello implique una respuesta uniforme para todos los sectores, sino una lectura detallada de las necesidades de cada cadena productiva.

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