El presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Bocas del Chicamoqué, Teodoro Manuel Gamboa Herrera, fue asesinado el 28 de abril alrededor de las 6:00 de la tarde en esta zona rural de Segovia, en el nordeste antioqueño, limits con El Bagre. Hombres armados irrumpieron en su vivienda, lo sacaron a la fuerza y lo hallaron sin vida con múltiples heridas de bala; su cuerpo fue trasladado al día siguiente, el 29 de abril. Este crimen ha desatado un nuevo desplazamiento forzado que afecta al menos a 19 familias, cerca de 20 en total, en medio del recrudecimiento de la violencia por la presencia de grupos armados ilegales en áreas de minería artesanal.
Las familias desplazadas han buscado refugio en el casco urbano de Segovia o en municipios cercanos como El Bagre, ante las dificultades de acceso y la escasa presencia institucional en la región. Este hecho se enmarca en un incremento de homicidios reportado en zonas como Ciudad Bolívar durante 2025, donde la disputa por el control territorial entre estructuras criminales ha roto las dinámicas sociales y económicas de las comunidades rurales.
Antecedentes de violencia en la zona
No es un incidente aislado: el 26 de febrero un ataque con dron en la misma área dejó tres personas muertas y una herida, desplazando a 125 familias. Los líderes comunales como Gamboa Herrera se han convertido en objetivos prioritarios de estos grupos armados ilegales, que buscan dominar las ricas vetas de minería artesanal en Segovia y El Bagre.
“Hay intimidaciones no solo contra líderes, sino contra toda la comunidad, lo que ha dejado cerca de 20 familias desplazadas”
Óscar Zapata, vocero de la Fundación Sumapaz
La violencia concentrada en estas veredas rurales no solo genera temor y éxodo, sino que profundiza la vulnerabilidad de poblaciones enteras, exigiendo una respuesta urgente de las autoridades para restaurar la seguridad y el tejido social en el nordeste antioqueño.












