Un minucioso operativo militar que incluyó diez días de seguimiento de inteligencia y tres de despliegue terrestre y aéreo culminó en la fuga de dos de los cabecillas más buscados de la estructura 36 de las disidencias de las Farc. Se trata de alias ‘Chala’ y alias ‘Macho Viejo’, quienes, pese a resultar heridos durante los enfrentamientos en la vereda Palmichal, zona rural de Briceño, norte de Antioquia, lograron escapar del cerco de las tropas. La acción, que buscaba la captura de los responsables del asesinato del periodista Mateo Pérez, se convirtió en una frustración para las autoridades, que ahora rastrean a los delincuentes por los corredores de escape que conectan con Puerto Valdivia, en el municipio de Valdivia.
Según la información recopilada por las Fuerzas Militares, la fuga se produjo en dos etapas. Tras los enfrentamientos, en los que ambos resultaron heridos, los cabecillas fueron auxiliados por integrantes de su grupo armado. Inicialmente escaparon a lomo de caballo y posteriormente continuaron su huida en motocicletas. Las autoridades tienen indicios de que los delincuentes estarían siendo atendidos por enfermeros empíricos vinculados directamente a la estructura criminal, lo que evidencia la sólida red de apoyo logística con la que cuenta el grupo en la región. La estructura 36 mantiene una fuerte presencia en el norte y el Bajo Cauca antioqueño, zonas donde históricamente han operado con relativa impunidad.
Un crimen que marcó la operación
El principal objetivo del operativo era alias ‘Chala’, señalado por las autoridades como el autor intelectual del tortura y asesinato del periodista Mateo Pérez, un crimen que generó una ola de indignación a nivel nacional. La muerte de Pérez, quien solía publicar mensajes de gratitud en redes sociales como “Agradecido con todas las cosas buenas q me ha dado la vida”, conmocionó al gremio periodístico y desató una fuerte presión sobre las instituciones para dar con los responsables. Junto a Chala, huía alias ‘Macho Viejo’, quien había llegado desde el Catatumbo meses atrás con la misión de fortalecer las finanzas y las operaciones criminales de la disidencia en Antioquia. Su presencia en la región respondía a la necesidad de reorganizar las rutas del narcotráfico y la extorsión.
A pesar de que el cerco incluyó sofisticados medios tecnológicos como sobrevuelos, desembarcos tácticos y monitoreo con drones térmicos, la capacidad de reacción y el conocimiento del terreno por parte de los cabecillas les permitió burlar la vigilancia. Las Fuerzas Militares continúan con las operaciones de búsqueda en los municipios de Briceño, Valdivia y otras localidades del norte antioqueño, analizando las rutas de escape y las redes de apoyo que facilitaron la huida. La fuga no solo representa un revés táctico, sino que también deja en evidencia la complejidad de enfrentar a estructuras que cuentan con profundos enraizamientos sociales y logísticos en sus territorios de influencia.
Presión constante
La operación fallida se suma a una creciente presión militar sobre la estructura 36, que se intensificó tras el asesinato de Mateo Pérez. Las autoridades insisten en que no cesarán en los esfuerzos por capturar a alias ‘Chala’ y alias ‘Macho Viejo’, considerados piezas clave en la cadena de mando de esta disidencia. Mientras tanto, el norte de Antioquia sigue siendo un escenario de disputa territorial donde la sombra de la violencia armada persiste, y la comunidad espera que, en un nuevo intento, la inteligencia y la acción militar logren finalmente poner tras las rejas a los responsables de crímenes que han marcado la historia reciente de la región.












