Caída del dólar podría abaratar hasta el 30% de la canasta familiar en Colombia

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La reciente y pronunciada caída del dólar en Colombia, que acumula una reducción de más de 508 pesos en lo que va de 2026, abre una ventana de oportunidad para que cerca del 30% de los productos de la canasta familiar, es decir 126 de los 419 artículos que la componen, puedan registrar una disminución en sus precios al consumidor. Este fenómeno, desencadenado por cuatro jornadas consecutivas a la baja hasta el 10 de julio, posiciona la Tasa Representativa del Mercado (TRM) en niveles no vistos en el año y genera un escenario de alivio para el bolsillo de los colombianos, aunque en simultáneo enciende las alarmas en el sector exportador nacional.

La apreciación del peso colombiano, que supera el 13%, se explica por un incremento en el ingreso de divisas al país, impulsado por las remesas, los préstamos internacionales del Gobierno y una creciente confianza inversionista asociada al nuevo Gobierno. De acuerdo con las cifras, la TRM cayó 86 pesos entre el 6 y el 10 de julio, 191,96 pesos en el transcurso del mes y 508,21 pesos en el acumulado anual. El contraste es notorio si se compara el promedio del dólar entre el 1 de enero y el 29 de mayo, que fue de 3.757 pesos, con el desplome de 429,8 pesos registrado en los primeros diez días de junio y julio, lo que refleja una tendencia que podría continuar afectando la dinámica comercial del país.

Oportunidad para el consumo masivo y sus limitaciones

La posibilidad de que los precios bajen en los anaqueles abarca una amplia gama de productos de consumo masivo que dependen de la importación. Entre los artículos que podrían ver reducido su costo se encuentran pastas, avena, harinas, pan, cereales, galletas, pescado de mar, aceites, frutas como manzanas y uvas, legumbres como lentejas y garbanzos, y productos como panela, canela, chocolate y leche de almendras. También se incluyen bebidas alcohólicas importadas como whisky, tequila, vino y cerveza, así como cigarrillos, muebles, electrodomésticos, bombillos, jabón, detergente, relojes, bolsos, gafas, vehículos, motos, bicicletas, llantas, juguetes, consolas, televisión por cable, tecnología, ropa y calzado.

Sin embargo, el alivio en las góndolas no será automático ni generalizado. El presidente de Analdex, Javier Díaz, advirtió que «el traslado de la reducción del dólar al precio final dependerá de factores como los inventarios, los costos logísticos, los aranceles y las estrategias comerciales de cada empresa». A esto se suman presiones adicionales que enfrentan las compañías, como el alza del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral, los mayores costos de transporte y un incremento del 30% en los fletes internacionales, elementos que pueden contrarrestar el efecto positivo de la tasa de cambio.

“No obstante, el traslado de la reducción del dólar al precio final dependerá de factores como los inventarios, los costos logísticos, los aranceles y las estrategias comerciales de cada empresa”

Javier Díaz, presidente de Analdex

El dilema de los exportadores y la presión sobre el campo

Mientras los consumidores visualizan un respiro, los exportadores colombianos enfrentan un panorama de pérdida de competitividad y menores ingresos en pesos. Sectores como el floricultor, bananero, cafetero y, de manera particular, el acuicultor, ya están sintiendo el impacto. El director ejecutivo de Fedeacua, Carlos Alberto Robles, explicó que “estamos en un contexto de diferentes riesgos: uno, un dólar barato que fomenta o facilita la importación de productos; y dos, ese mismo dólar tiene afectadas a las empresas exportadoras de tilapia y trucha hacia diferentes mercados, principalmente Estados Unidos”. Esta situación se agrava con un aumento en los costos de producción, como el de la energía, que pasó de 5 a 25 dólares por millón de BTU debido al déficit de gas, y la necesidad de importar materias primas agrícolas como maíz amarillo, soya y trigo para sostener la industria nacional.

El gremio agrícola Fenalce también alzó su voz de alerta al señalar que “la necesidad de importar no debe convertirse en una dependencia creciente ni desplazar el propósito estratégico de fortalecer la agricultura colombiana”. Aunque las exportaciones totales del país entre enero y mayo de 2026 alcanzaron los 23.587 millones de dólares, un incremento del 15,4% frente al mismo periodo de 2025, al convertirlas a pesos colombianos el valor apenas creció un 1%, lo que demuestra la pérdida de poder adquisitivo para los exportadores. Mientras tanto, la deuda externa del Estado colombiano, que representa entre el 30% y el 35% del total, se beneficia de la apreciación del peso al reducir su costo en moneda local.

“Estamos en un contexto de diferentes riesgos: uno, un dólar barato que fomenta o facilita la importación de productos; y dos, ese mismo dólar tiene afectadas a las empresas exportadoras de tilapia y trucha hacia diferentes mercados, principalmente Estados Unidos”

Carlos Alberto Robles, director ejecutivo de Fedeacua

Ante este panorama de volatilidad cambiaria, el docente de finanzas de la Universidad del Rosario, Edgar Jiménez, recomienda que tanto importadores como exportadores recurran a coberturas financieras para mitigar los riesgos. La incertidumbre sobre la duración de esta tendencia y su verdadero impacto en la economía nacional mantienen en vilo a los distintos actores, mientras el país observa si la caída del dólar se traducirá finalmente en un beneficio tangible para el consumidor o si, por el contrario, terminará profundizando los problemas de un sector exportador que clama por mayor competitividad.

“La necesidad de importar no debe convertirse en una dependencia creciente ni desplazar el propósito estratégico de fortalecer la agricultura colombiana”

Fenalce

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