Candidatos presidenciales evitan debates televisivos en Colombia

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La campaña hacia la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, programada para el 31 de mayo de 2025, ha revelado una transformación radical en las estrategias de comunicación política. Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, los tres candidatos que lideran las encuestas de intención de voto, han optado por evitar los debates televisivos tradicionales, un espacio que durante décadas fue considerado crucial para la democracia colombiana. En su lugar, han concentrado sus esfuerzos en redes sociales y espacios controlados, donde pueden replicar únicamente los fragmentos que más les favorecen, evitando así los riesgos de una confrontación en vivo.

Esta ausencia en los debates, que contrasta con la relevancia que estos tenían en comicios anteriores, no es casualidad. Según el docente Cristian Rojas, de la facultad de estudios jurídicos, políticos e internacionales de la Universidad de la Sabana, las campañas modernas ya no perciben la televisión como el único medio masivo para llegar al electorado. “Eso ya no es así, porque los candidatos están en la posibilidad de llegar al público de forma masiva a cada ciudadano a partir del uso de redes sociales, de pauta que le llega a cada persona a su teléfono”, explicó Rojas, quien añadió que los candidatos prefieren ahora “participar también en espacios de televisión, pero que sean más cómodos y que después ellos puedan replicar en sus redes, las que más les gustaron, donde se ven más sólidos, difundirlo y no correr riesgos”.

Una estrategia que revela inseguridad

El fenómeno, sin embargo, no se limita a un simple cambio de formato. El análisis del experto apunta a una lectura más profunda sobre las capacidades de los aspirantes. Cristian Rojas señaló que “hoy las campañas no ven la necesidad de los debates en televisión. Lo que sí ven es el riesgo y prefieren entonces otros mecanismos para llegar a su público”. En su opinión, esta decisión es particularmente notoria “especialmente con aquellos candidatos que ven la ventaja, porque no son sólidos en algunos temas de argumentación o no confían en su puesta en escena y entonces prefieren ambientes más controlados”. La estrategia, si bien puede ser efectiva en el corto plazo para blindar una imagen, se interpreta como una muestra de inseguridad que podría reflejarse negativamente en un eventual ejercicio del poder.

El comportamiento de cada uno de los punteros dibuja un panorama dispar. Paloma Valencia, quien lideró la asistencia a debates presenciales entre los tres, dejó de asistir cuando sus competidores también se ausentaron. Abelardo de la Espriella, por su parte, participó en contados espacios de discusión. En el extremo opuesto se encuentra Iván Cepeda, quien no ha asistido a ningún debate televisivo, aunque ha lanzado retos públicos a sus rivales para entablar un diálogo con reglas previamente establecidas, una propuesta que hasta el momento no ha tenido eco. A falta de menos de un mes para la cita en las urnas, y con la posesión del nuevo mandatario prevista para el 7 de agosto, la ciudadanía observa una campaña donde la estrategia del silencio y el control de la imagen han reemplazado al tradicional contraste de ideas.

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