En un giro inesperado en la dinámica de seguridad del país, el Clan del Golfo, también conocido como Ejército Gaitanista de Colombia, propuso un diálogo al presidente electo Abelardo De La Espriella, a pesar de que el mandatario ya había descartado tajantemente cualquier negociación con esta organización armada. La misiva, enviada el pasado lunes festivo y reportada por la Revista Semana, plantea la disposición del grupo a conversar y eventualmente acogerse a un proceso de sometimiento a la justicia, bajo condiciones específicas que buscan garantizar seguridad jurídica para sus integrantes.
La propuesta llega en medio de un escenario político complejo, donde el nuevo gobierno ha enviado señales de rechazo a la continuidad de la política de paz total impulsada por la administración anterior. De La Espriella ya había manifestado su oposición a negociar con el Clan del Golfo y ordenó remitir información sobre conversaciones previas al Departamento de Estado de Estados Unidos. Esta postura se endureció tras la revelación de audios que, según el reporte, indicaban que el anterior gobierno habría despedido oficiales, frenado extradiciones y suspendido bombardeos contra el grupo.
En la carta, el Clan del Golfo pidió como referencia el proceso de Justicia y Paz del Gobierno Uribe, señalando que dos décadas después, muchos exintegrantes siguen enfrentando procesos judiciales. La organización solicita una ley que incluya verdad, reparación, garantías de no repetición y plazos definidos para un eventual sometimiento, argumentando que el marco jurídico actual es insuficiente. Además, pidió reunirse con el nuevo Alto Comisionado para la Paz y funcionarios del próximo gobierno, y solicitó la participación de Estados Unidos, Reino Unido, España, Noruega, Suiza y Catar como posibles acompañantes del proceso.
Un contexto de alta tensión y múltiples actores
La propuesta del Clan del Golfo se da en un panorama donde el ELN, las disidencias de las Farc, la Segunda Marquetalia y el propio Clan del Golfo tienen, en conjunto, más de 25.000 hombres entre armados y redes de apoyo, según el reporte de la Revista Semana. Esto sitúa al país ante un desafío de seguridad mayúsculo, donde la decisión del nuevo gobierno de rechazar la paz total podría redefinir las estrategias de diálogo y confrontación. Entre las peticiones específicas del grupo están las garantías para sus integrantes, seguridad jurídica, protección de comunidades donde tienen presencia y prevención de que otros grupos ocupen esos territorios.
El gobierno de De La Espriella enfrenta ahora la presión de responder a esta carta, que si bien fue enviada de manera pública, contradice directamente la postura del presidente electo. La propuesta del Clan del Golfo podría abrir un nuevo frente de debate político y social en Colombia, mientras el país observa atentamente los primeros movimientos del nuevo mandatario en materia de paz y orden público.












