En medio de la inquietud que generan los recientes movimientos telúricos en Colombia, la tradición católica ha vuelto los ojos hacia una figura de protección milenaria: San Emigdio, el santo reconocido como protector contra los terremotos. Obispo y mártir cristiano del siglo IV, designado para liderar la diócesis de Ascoli, en Italia, su devoción se ha fortalecido a lo largo de los siglos, especialmente tras el devastador sismo de 1703 en la región de Las Marcas. En este contexto, se han difundido oraciones dirigidas a pedir por los damnificados y por la serenidad de quienes viven con la incertidumbre de un nuevo temblor.
La creencia en la intercesión de San Emigdio —también conocido como San Emygdio o San Emigdio de Ascoli— se basa en la tradición católica que lo vincula con la protección frente a los sismos. Los fieles recurren a él durante o después de un movimiento telúrico para solicitar tranquilidad, protección y fortaleza espiritual. Esta costumbre, de origen italiano, ha trascendido fronteras y hoy encuentra eco en Colombia, donde se comparten plegarias que buscan acompañar a los afectados y generar un espacio de recogimiento ante la adversidad natural.
Es importante señalar que, si bien la oración y la devoción forman parte del consuelo espiritual de muchos creyentes, estas prácticas no reemplazan las medidas de prevención y seguridad oficiales que las autoridades recomiendan ante cualquier eventualidad sísmica. La imagen de San Emigdio suele encontrarse en iglesias y hogares de regiones históricamente propensas a terremotos, como un recordatorio de la fe que, para muchos, se convierte en un pilar de fortaleza en momentos de crisis. La difusión de estas oraciones se enmarca, así, en una búsqueda colectiva de paz y esperanza frente a los embates de la naturaleza.










