Ecuador elimina aranceles a Colombia tras cuatro meses de conflicto comercial

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Tras cuatro meses de una intensa disputa comercial que afectó a miles de empresas y consumidores, Ecuador eliminó los aranceles y las restricciones a las importaciones colombianas. La medida, que se materializa en cumplimiento de una resolución de la Comunidad Andina (CAN), entrará en vigencia a partir del 1 de junio de 2026 y pone fin a una escalada que incluyó aranceles de hasta el 100% por parte del país vecino y gravámenes de hasta el 75% como respuesta de Colombia. El anuncio representa una bocanada de aire para el comercio bilateral, que registró una caída del 22,9% en las exportaciones colombianas a Ecuador durante el primer trimestre del año, llevando a que ese mercado pasara del segundo al cuarto destino de las ventas no minero energéticas del país.

La controversia se desató en enero de 2026, cuando Ecuador impuso una polémica “tasa de seguridad” del 30% a productos colombianos, que escaló hasta el 100% en mayo. Colombia replicó con aranceles de hasta el 75%, restricciones en la interconexión eléctrica y limitaciones a la entrada de bienes ecuatorianos. El conflicto golpeó con fuerza a sectores estratégicos como alimentos, medicamentos, productos de aseo, plásticos, químicos y vehículos, afectando a más de 2.600 empresas colombianas que en la última década habían encontrado en Ecuador un socio comercial clave. La intervención de la CAN fue determinante para desactivar una crisis que amenazaba con profundizarse y que, según cifras de Analdex, había reducido de 2.700 a un número crítico las empresas activas en el intercambio bilateral.

Alivio inmediato para las mipymes, pero con cautela

Para las micro, pequeñas y medianas empresas, la eliminación de las barreras representa un respiro necesario. Así lo señaló María Elena Ospina, directora ejecutiva de Acopi, quien advirtió que, si bien el levantamiento de los aranceles reabre la posibilidad de competir en precios, muchas empresas llegan golpeadas tras cuatro meses de incertidumbre. “Para las mipymes esto es un alivio inmediato porque vuelve a ser viable competir por precio. Con aranceles altos, muchas mipymes quedan por fuera del mercado. Con el levantamiento se reabre la posibilidad de vender. Pero ojo, muchas ya venían golpeadas por cuatro meses de incertidumbre. Entonces, el beneficio real dependerá de qué tan rápido reactiven pedidos y pagos”, afirmó Ospina.

En la misma línea, el presidente ejecutivo de Analdex, Javier Díaz Molina, celebró la decisión de Ecuador y pidió al Gobierno colombiano adoptar medidas complementarias. “Ecuador ha dado un paso importante para normalizar el comercio bilateral. Confiamos en que el Gobierno colombiano también adopte medidas que permitan restablecer plenamente las condiciones de libre comercio entre los dos países, en beneficio de miles de empresas, de los consumidores y de la competitividad de la región”, declaró Díaz Molina. Analdex identificó que los sectores más beneficiados serán los alimentos, los productos farmacéuticos, los plásticos y los vehículos, pilares de una relación comercial que en 2025 sumó exportaciones colombianas por 1.666 millones de dólares.

«Le estamos solicitando una mesa técnica binacional para blindar el comercio formal y resolver de fondo el conflicto. También un plan de reactivación comercial: facilitar aduanas, agilizar trámites, reducir costos logísticos. Un paquete de alivios para las mipymes exportadoras: liquidez, garantías y acompañamiento y seguridad y control fronterizo coordinado, pero sin castigar a la empresa formal. La seguridad no se logra encareciendo la legalidad»

María Elena Ospina, directora ejecutiva de Acopi

Con la normalización a la vista, tanto el gremio de las mipymes como el de los exportadores coinciden en que la recuperación no será automática. Acopi insiste en que se necesita una mesa técnica binacional para prevenir futuros conflictos y un paquete de alivios que permita a las empresas recuperar la confianza y la liquidez perdida. La disputa dejó en evidencia la fragilidad de las cadenas de suministro regionales y el costo de utilizar el comercio como herramienta de presión política. Ahora, el reto será reconstruir los lazos comerciales y logísticos que se cortaron durante estos cuatro meses, con la esperanza de que el 1 de junio marque el inicio de una nueva etapa de integración andina.

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