Manuela Gómez Torres no es de las que esperan que los milagros caigan del cielo; ella los construye de madrugada en su casa del barrio Los Nogales
Los cuadernos y las guías de estudio fueron testigos mudos de una rutina que no perdonaba el cansancio
Por Equipo de Redacción LA VEINTITRÉS
Fueron noches de simulacros tachados, de respuestas equivocadas que dolían, pero que al día siguiente se transformaban en un nuevo intento. Todo por una convicción que se le instaló en la mente desde que era una niña: cruzar algún día las puertas de la Universidad de Caldas para estudiar Medicina.
Hoy, a sus 17 años, esa joven que creció recorriendo los pasillos de la Institución Educativa Estambul desde el primer grado, puede decir que el esfuerzo se paga con historia. Con un registro de 462 sobre 500 puntos en las Pruebas Saber 11, Manuela no solo logró el puntaje más alto de toda Manizales, sino que le demostró a una generación entera que el futuro se puede reescribir a pulso y disciplina.
«Muchas noches, muchos trasnochos, muchos simulacros, muchas hojas de respuesta, muchos errores y muchos aprendizajes», confiesa, con la madurez de quien sabe que el éxito nunca es un camino lineal. Su gesta no fue un acto solitario. Comenzó a forjarse con mayor rigor en el grado décimo, alternando sus clases regulares con las jornadas de preparación preuniversitaria, sostenida por el aliento inquebrantable de su familia y el acompañamiento meticuloso de sus profesores.
La historia de Manuela es también el triunfo estructural de la educación pública en nuestra ciudad. En la Institución Educativa Estambul, el rector José Guillermo Vázquez Salazar ha liderado un proceso silencioso que va más allá de la simple evaluación. Hace una década, el colegio entendió que igualar las oportunidades era el único antídoto real contra la desigualdad, diseñando incluso un preicfes interno para quienes no contaban con los recursos de acceder a servicios particulares.

El resultado salta a la vista: desde 2019 se mantienen en la categoría A, el nivel superior en la medición nacional. Para Vázquez Salazar, la fórmula no radica en la obsesión por los números, sino en la calidad humana: «Cuando los chicos se convierten en buenas personas, se vuelven muy buenos estudiantes», asegura.
Ahora, con su inscripción formal al programa de Medicina ya radicada, Manuela aguarda el último paso hacia su vocación. Su travesía desde las lomas de Los Nogales hasta la cima académica regional no busca ser un relato de excepcionalidad inalcanzable, sino una carta abierta a sus pares: por más adverso que parezca el panorama, la constancia abre puertas que parecen selladas.
Frente a la espectacularización del dolor y el ruido que a menudo acaparan la agenda, detenerse en la victoria de Manuela es un acto de justicia narrativa. Es recordarnos que en la Manizales de los barrios, en el silencio de una mesa de estudio,hay jóvenes decididos a demostrar que la educación sigue siendo la mejor noticia de todas.
Fuente: Prensa Alcaldía de Manizales









