Colombia se encuentra en máxima alerta ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño, cuyas probabilidades de persistencia alcanzan un 96% para los meses de noviembre y diciembre de 2026, extendiéndose hasta enero de 2027. Así lo confirmaron el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (Noaa), tras detectar señales del fenómeno casi tres meses antes de lo previsto. El modelado climático avanzado indica que existe un 63% de probabilidad de que este evento alcance una intensidad «muy fuerte», lo que lo convertiría en el más significativo desde 1950, con graves implicaciones para el territorio nacional.
La alerta se sustenta en un riguroso monitoreo satelital y de sensores marítimos desplegados en el océano Pacífico ecuatorial, donde ya se registran las condiciones oceánicas y atmosféricas típicas de El Niño. Plataformas geoespaciales como ArcGIS y Living Atlas of the World procesan los datos para generar mapas interactivos que visualizan las anomalías térmicas, representadas como manchas rojas, incluso antes de que los efectos se sientan en cuencas hídricas o cultivos colombianos. Esta tecnología permite a las entidades públicas y privadas anticipar riesgos y tomar decisiones informadas. El impacto económico del fenómeno es considerable: un estudio del Departamento Nacional de Planeación (DNP) estima una afectación del 0,7% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, mientras que un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que, en un escenario extremo, podría restar hasta 0,9 puntos porcentuales al crecimiento económico anual.
Un llamado a la preparación desde la tecnología y el territorio
Natalia Acero, líder del Programa de Gestión Integral de Cuencas y Recurso Hídrico de The Nature Conservancy (TNC), enfatizó la importancia de actuar con antelación. «Cuando hablamos del fenómeno de El Niño, solemos concentrarnos en los impactos que veremos en los próximos meses, pero la preparación empieza mucho antes», señaló Acero, quien agregó que «la integración de información climática, hidrológica y territorial permite identificar riesgos con antelación y orientar decisiones que pueden ser determinantes para la gestión del agua, la prevención de emergencias y la protección de los ecosistemas». Sus palabras subrayan la necesidad de pasar de la alerta a la acción concreta.
«La integración de información climática, hidrológica y territorial permite identificar riesgos con antelación y orientar decisiones que pueden ser determinantes para la gestión del agua, la prevención de emergencias y la protección de los ecosistemas»
Natalia Acero, líder del Programa de Gestión Integral de Cuencas y Recurso Hídrico de TNC
El fenómeno de El Niño se caracteriza por generar un déficit de lluvias en las regiones Caribe, Andina y Pacífica de Colombia, mientras que en la Amazonía puede provocar un aumento de precipitaciones. Esta situación conlleva una serie de riesgos encadenados: disminución de caudales en ríos y quebradas, descenso en los niveles de los embalses, afectaciones al suministro de agua potable, a la producción de alimentos y a la generación de energía eléctrica. La alerta temprana, facilitada por las herramientas de monitoreo, permite activar medidas como el ahorro de agua, la preparación del sector agrícola, la prevención de incendios forestales y el monitoreo del estrés hídrico, así como anticipar afectaciones en la calidad del aire. El Ideam continuará publicando actualizaciones periódicas a través de sus canales oficiales, mientras que plataformas de acceso abierto como Living Atlas ponen a disposición de la ciudadanía y las instituciones los datos geoespaciales globales para comprender y enfrentar un evento que, según las proyecciones, podría prolongarse hasta los primeros meses de 2027.










