La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente la presencia del fenómeno de El Niño, con un pronóstico que anticipa un fortalecimiento progresivo que podría extenderse hasta comienzos de la primavera de 2027. La alerta, emitida el 13 de julio de 2025, enciende las alarmas en Colombia por los riesgos que representa para el abastecimiento de agua, la generación de energía eléctrica y el incremento de incendios forestales, especialmente en las regiones Caribe, Andina y Pacífica.
Según el monitoreo de las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, la NOAA calcula una probabilidad del 97 por ciento de que El Niño se mantenga activo hasta la primavera de 2027, y un 81 por ciento de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de este año. Estas cifras han generado preocupación entre los expertos: el climatólogo Benjamín Quesada, director del Programa de Ciencias de la Tierra de la Universidad del Rosario, advirtió que “estamos ante un fenómeno que está asustando incluso a quienes se dedican a estudiarlo. Lo inédito es la rapidez con la que aumentó la temperatura del Pacífico ecuatorial. Los propios meteorólogos dicen que no habían visto un comportamiento similar en los últimos 75 años”.
Impactos en la generación eléctrica y el abastecimiento de agua
Colombia depende en un 65 por ciento de las hidroeléctricas para su generación eléctrica, lo que la hace especialmente vulnerable a los períodos de sequía asociados con El Niño. Durante el episodio de 2023-2024, la generación térmica aumentó significativamente para compensar la menor disponibilidad hídrica, pero el contexto actual incluye desafíos adicionales en la disponibilidad y el costo del gas natural, según explicó David Celeita, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana. “La discusión ya no debe centrarse únicamente en instalar más energías renovables. También debemos fortalecer la infraestructura y garantizar energía firme que permita responder cuando lleguen eventos extremos como este”, afirmó Celeita, quien además destacó que “hoy contamos con mejores sistemas de monitoreo y eso permite una mayor coordinación institucional. Lo que se puede medir es lo que se puede mejorar”.
La reducción de lluvias en las regiones Caribe, Andina y Pacífica podría impactar la agricultura, la generación de energía y el abastecimiento de agua potable. Las zonas más vulnerables, como La Guajira, Chocó, Córdoba, Sucre y Bolívar, presentan condiciones sociales y ambientales que agravan los efectos del fenómeno. Juan Carlos Orrego, exsubdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y actual director de la Corporación Colombia sin Desastres, ha señalado que la experiencia de la temporada seca 2023-2024 dejó aprendizajes importantes, pero persisten desafíos estructurales en la capacidad de respuesta frente a eventos extremos.
Riesgo de incendios forestales y seguridad alimentaria
El aumento de temperaturas previsto por El Niño incrementa el riesgo de incendios forestales en prácticamente todo el país. “Todo el territorio nacional aumentará de temperatura y eso incrementa el riesgo de incendios forestales prácticamente en todo el país”, advirtió Benjamín Quesada. Durante el episodio de 2023-2024 se registraron más de mil incendios forestales y más de 30 mil hectáreas afectadas. En diciembre de 2025, la Defensoría del Pueblo identificó 4 mil 100 focos de incendio en bosques naturales, una cifra que evidencia la magnitud del peligro. Además, cerca de 12 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que agrava el panorama social.
“Estamos ante un fenómeno que está asustando incluso a quienes se dedican a estudiarlo. Lo inédito es la rapidez con la que aumentó la temperatura del Pacífico ecuatorial. Los propios meteorólogos dicen que no habían visto un comportamiento similar en los últimos 75 años”
Benjamín Quesada, climatólogo y director del Programa de Ciencias de la Tierra, Universidad del Rosario
Los expertos coinciden en que la anticipación y el fortalecimiento de la infraestructura serán determinantes para enfrentar los efectos del fenómeno. Colombia llega a este episodio con mejores sistemas de monitoreo y una mayor conciencia ciudadana sobre el ahorro de agua y energía, pero la dependencia de la generación hidroeléctrica y la vulnerabilidad de regiones enteras siguen siendo retos que requieren acciones estructurales a corto y mediano plazo.












