En un hecho que ha estremecido al departamento del Huila, Urely Almario Gómez, una estilista de 37 años, perdió ambas manos tras ser atacada con un machete por su expareja, Sebastián Ramírez Arrubla, de 29 años, la noche del 10 de junio de 2026, en una vivienda del municipio de Acevedo. La víctima recibió cuatro machetazos en la cabeza y múltiples lesiones en la espalda, pero las heridas más devastadoras ocurrieron cuando, al intentar cubrirse el rostro, el agresor le cercenó las manos. Según el relato de Urely, Ramírez Arrubla, tras la agresión, cortó su cabello y envolvió con él los miembros amputados, para luego lanzarlos a un potrero cercano.
La pesadilla comenzó mucho antes del ataque. Urely Almario había sostenido una relación de apenas seis meses con su agresor, marcada por celos enfermizos, control extremo y violencia constante. “Era muy celoso, muy agresivo, muy posesivo… me golpeó en esos días y me decía que si yo lo dejaba él me iba a matar”, relató la víctima desde su cama de hospital. El día anterior a la agresión, mientras ella se alistaba para realizar un domicilio, Ramírez Arrubla afiló el machete y, según Urely, le dijo: “hoy yo amanecí con ganas de matar a alguien”. Aterrorizada, la mujer durmió esa noche en una residencia, pero al regresar a su vivienda se encontró con el fatal desenlace.
El ataque y la huida desesperada
La discusión escaló cuando Urely le pidió a su expareja que se fuera de la casa. “Cuando me mandó un machetazo en mi cabeza por detrás y me tiraba los machetazos al cuello, a la cara”, recordó la estilista. Durante la brutal agresión, el agresor profirió insultos cargados de odio: “Mire, maldita puta, usted va a quedar fea, ya nadie la va a querer, ya va a quedar sin sus manos, sin su cabello. Usted me despreció a mí, ninguna mujer me desprecia”. Pese a las graves heridas, Urely logró correr seis cuadras hasta encontrar ayuda. Un hombre le amarró un buzo en los brazos para contener la hemorragia, y un joven en motocicleta la trasladó de urgencia al hospital local. Allí, los médicos confirmaron que las manos amputadas no pudieron ser reimplantadas porque, cuando fueron encontradas, ya estaban infectadas.
«Necesito mis prótesis para poder otra vez volver a tener mis manitos y poder hacer algo, defenderme»
Urely Almario Gómez, víctima
La historia de Urely Almario refleja un patrón de violencia de género que pudo haber sido prevenido. A pesar de las amenazas de muerte y las agresiones físicas previas, la víctima nunca denunció por miedo a represalias. La relación había comenzado tras su separación de Brayan Estiven Rojas, su entonces esposo, quien hoy la asiste en el hospital. Antes de mudarse a Acevedo, Urely tenía un salón de belleza en Timaná; luego, con su esposo, instaló un puesto de venta de chicharrón. Tras la separación, trabajó en restaurantes, panaderías y peluquerías para sostenerse.
Un llamado a las autoridades y a la conciencia ciudadana
Sebastián Ramírez Arrubla se encuentra en prisión preventiva, acusado de tentativa de feminicidio agravado, mientras se espera su condena. Para Urely, el futuro inmediato depende de la solidaridad de la comunidad: necesita prótesis que le permitan retomar su oficio y su vida. “Gracias a Dios estoy aquí contando la historia y dando ejemplo para que no vuelvan a confiar en nadie, a meter una persona desconocida en la casa. Cuando miren un peligro avisar a las autoridades, porque yo no lo hice por miedo, por temor”, expresó entre lágrimas. Su testimonio se suma a las voces que claman por una respuesta más efectiva de las rutas de atención a víctimas de violencia machista en la región del Huila.












