La emergencia por incendios forestales que afecta a varios departamentos de Colombia, entre ellos Tolima, Cundinamarca, Valle del Cauca, Huila y Boyacá, no solo representa una amenaza inmediata para la vegetación y la fauna, sino que también desencadena una serie de consecuencias sanitarias y ecológicas que pueden prolongarse durante años. Un grupo de expertos en ciencias ambientales ha analizado los impactos de estos siniestros en la calidad del aire, el suelo y los ecosistemas, advirtiendo que los efectos van mucho más allá de las llamas visibles. La situación, que mantiene en alerta a las autoridades locales y nacionales, ha sido agravada por el fenómeno de El Niño y la creciente deforestación, que aumentan la vulnerabilidad del territorio al fuego.
Uno de los principales focos de preocupación es la calidad del aire y su efecto en la salud humana. Daniel Humberto Gil, ingeniero ambiental y candidato a doctor en Ingeniería de la Universidad de La Sabana, explicó que las partículas finas y los gases tóxicos liberados por la combustión de biomasa pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 90% de la masa de partículas emitidas por incendios forestales corresponde a PM₂.₅, un contaminante que puede llegar al torrente sanguíneo y está asociado con complicaciones de asma, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, hospitalizaciones e incluso mortalidad prematura. «Estas sustancias pueden afectar la salud, en especial la de grupos vulnerables, como mujeres embarazadas, niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares», advirtió Gil. A esto se suman otros contaminantes como el monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, ozono troposférico, carbono negro, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos aromáticos policíclicos, cuya presencia varía según el material quemado y las condiciones de combustión.
Factores que determinan la toxicidad del humo
La composición del humo no es uniforme y depende de múltiples variables. Laura Natalia Ruiz, gestora ambiental de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, explicó que «la cantidad y el tipo de contaminantes emitidos no son siempre los mismos, ya que dependen de factores como el tipo de vegetación que se está quemando, su contenido de humedad, las condiciones meteorológicas y la etapa de combustión». Esta complejidad hace que el monitoreo sea un desafío, pero también subraya la necesidad de mantener una vigilancia constante en las zonas afectadas y en regiones alejadas. Óscar Arnulfo Fajardo, magíster en Desarrollo Ambiental Sostenible e investigador de la Universidad Central, complementó que «la combustión de vegetación genera una mezcla compleja de partículas y gases que puede elevar las concentraciones ambientales varias veces por encima de sus valores habituales». Incluso después de que las llamas sean controladas, el riesgo persiste, ya que, como señaló Fajardo, «un incendio controlado todavía puede conservar puntos calientes o combustión lenta que continúan produciendo humo. Además, todo el material que ya fue emitido permanece dentro de la atmósfera y puede continuar desplazándose durante horas e incluso días». Esto implica que ciudades como Bogotá, Medellín o las del Valle de Aburrá podrían ver deteriorada su calidad del aire a causa del humo que viaja cientos de kilómetros.
«Estas sustancias pueden afectar la salud, en especial la de grupos vulnerables, como mujeres embarazadas, niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares»
Daniel Humberto Gil, ingeniero ambiental y candidato a doctor en Ingeniería de la Universidad de La Sabana
Más allá del aire, el impacto en el suelo y la vegetación es igualmente alarmante. Diego Fernando Becerra, docente de la Universidad de La Sabana, advirtió que «tras un incendio no solo desaparecen los árboles, las plantas y la cobertura vegetal superficial. El fuego también transforma de manera profunda las propiedades del suelo». La pérdida de cobertura vegetal expone el terreno a la erosión, mientras que el calor extremo puede alterar la estructura del suelo, su capacidad de retención de agua y la disponibilidad de nutrientes. La recuperación del ecosistema, dependiendo de la intensidad del fuego y las condiciones ecológicas, puede tomar desde meses hasta décadas. En zonas urbanizadas o donde hay infraestructura, los incendios liberan contaminantes aún más tóxicos, como metales pesados y compuestos sintéticos, lo que agrava la situación. Frente a este panorama, las alcaldías, gobernaciones, el Gobierno nacional, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) y los bomberos continúan trabajando para contener el fuego, mientras los expertos insisten en la necesidad de políticas preventivas que mitiguen los efectos de un fenómeno que, con el cambio climático, podría volverse más recurrente.










