El presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), José Félix Lafaurie Rivera, lanzó una advertencia que pone en evidencia una paradoja del comercio exterior colombiano: pese a que el país tiene un Tratado de Libre Comercio vigente con Estados Unidos desde hace años, no puede exportar ni un kilo de carne bovina al mercado estadounidense por carecer de la admisibilidad sanitaria. La denuncia se produce justo cuando Estados Unidos, el mayor importador mundial del producto, proyecta comprar 2,9 millones de toneladas en 2026 y ya registra un incremento del 14,4% en sus compras externas entre enero y agosto de ese año frente al mismo período de 2025. Incluso, el presidente Donald Trump solicitó 300.000 toneladas adicionales para noviembre, lo que abre una ventana de oportunidad que Colombia, por ahora, no puede aprovechar.
Lafaurie, quien publicó su análisis en la columna Ecos políticos, señaló que mientras gigantes como Australia, Brasil, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina se disputan ese mercado, Colombia permanece al margen por falta de un permiso sanitario que debería ser prioridad nacional. En respuesta, el dirigente gremial activó gestiones diplomáticas y comerciales en la feria Sial de París y en las reuniones de la Secretaría Internacional de la Carne en Bruselas, con el objetivo de incluir el tema en las conversaciones bilaterales con Washington. “Las puertas de los mercados no se abren solas, y lo sabemos por experiencia”, afirmó Lafaurie, subrayando la urgencia de articular una política pública que coordine al ICA, el Invima, la industria frigorífica y los propios productores con metas, plazos y mecanismos de seguimiento.
“Exportar no puede ser una actividad ocasional para colocar excedentes, pues la continuidad de la oferta es una condición de los mercados”
José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán
El diagnóstico del presidente de Fedegán también dejó tres enseñanzas clave para el sector. La primera, que la exportación debe ser una estrategia permanente y no un simple alivio para cuando sobran volúmenes. La segunda, que la productividad no depende del tamaño del hato, sino de factores como la calidad genética, la ganancia de peso y los kilos de carne por hectárea. La tercera, que vender ganado en pie genera ingresos, pero está lejos de la rentabilidad que se obtiene al agregar valor mediante el sacrificio y procesamiento de la carne para exportación. En ese sentido, Lafaurie recordó que Colombia cuenta con pasturas de calidad, genética reconocida, experiencia en sistemas silvopastoriles, una sólida institucionalidad gremial y recursos de parafiscalidad ganadera, ventajas que deben traducirse en competitividad real.
El panorama internacional también ofrece una luz de esperanza en Europa, donde la reducción del inventario bovino abre espacio para nuevos proveedores, aunque con exigencias estrictas de trazabilidad, garantías sanitarias y cumplimiento ambiental. El gremio considera necesario diversificar destinos hacia otros países asiáticos y de Oriente Medio, adaptando la oferta a las preferencias de cortes y precios de cada mercado. Mientras tanto, China sigue siendo un actor determinante, pues cubre cerca de un tercio del consumo de carne bovina en Asia. La advertencia de Lafaurie resume una urgencia: si Colombia no logra la admisibilidad sanitaria con Estados Unidos y no construye una oferta exportadora estable, seguirá viendo cómo otros se llevan un pastel que, con el TLC en la mano, debería estar también en su plato.









