La fuga de Luis Alberto Villota Rodríguez, alias “Tito”, segundo cabecilla de los Comuneros del Sur y gestor de paz designado por el Gobierno, ocurrida en Pasto el pasado 5 de junio, ha puesto en jaque el proceso de paz con ese grupo armado.
El hecho se registró durante la noche en la Clínica Fátima de Pasto, Nariño, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en el centro médico, despojó de sus armas a un vigilante y a un custodio del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), y facilitó la huida de alias “Tito” en motocicletas de alto cilindraje. El traslado médico se realizó con una custodia mínima, conformada por un solo guardián y un conductor, lo que ha generado cuestionamientos sobre las medidas de seguridad. La SIJIN investiga a un suboficial y tres guardianes del Inpec por posibles responsabilidades en la fuga.
Carlos Erazo, jefe de la delegación gubernamental en la mesa de diálogo, señaló que “esta acción pone en riesgo todos los avances que se han tenido a lo largo de estos 19 meses en los cuales se ha llegado a 12 acuerdos parciales”.
Las negociaciones formales entre el Gobierno y los Comuneros del Sur suman 19 meses, periodo en el que se lograron acuerdos parciales en temas como sustitución de cultivos ilícitos, desminado humanitario, búsqueda de personas desaparecidas, prevención del reclutamiento de menores, y proyectos productivos, educativos y de infraestructura en 10 municipios priorizados en Nariño. Sin embargo, la fuga de Villota Rodríguez, quien había sido designado gestor de paz mediante la Resolución 451 de noviembre de 2024, prorrogada en febrero de 2026, ha generado un ambiente de desconfianza. El mismo Erazo advirtió que la delegación gubernamental solicitó a los Comuneros del Sur cumplir íntegramente los compromisos suscritos.
La sombra de la violencia y los secuestros
Alias “Tito” no es un actor menor dentro del conflicto. En diciembre de 2023, fue responsable del secuestro de 13 personas en la vereda Tabiles, de las cuales cuatro fueron asesinadas, entre ellas la líder comunal Martha Yolanda Benavides y un adolescente. Ingresó a prisión en febrero de 2026 por los delitos de rebelión, secuestro simple y homicidio en persona protegida. Su fuga, según el profesor Luis Fernando Trejos, de la Universidad del Norte, “pone en tela de juicio la voluntad de paz de los Comuneros del Sur porque se planificó este acto en medio de la negociación”.
La Policía fue notificada de la fuga aproximadamente 30 minutos después del incidente, cuando los cómplices ya habían escapado en las motocicletas de alto cilindraje.
Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación, ofreció una lectura más amplia: “Estamos en un momento en el que todos se están preparando para otro ciclo de guerra en un nuevo gobierno. No hay ninguna confianza en la mesa hoy. Tal vez la única que quedará con futuro es la ZUT con el ‘clan del Golfo’. Esto también pasa por no tener suficiente información en las negociaciones y por muchos errores internos, incluyendo tomar decisiones tan cerca de elecciones”. La experta se refería a la Zona de Ubicación Temporal (ZUT) en Mallama, para la cual ya se había avanzado en una propuesta jurídica y una estrategia de seguridad para el ingreso del grupo armado, un proceso que ahora queda en vilo.
“Esta acción pone en riesgo todos los avances que se han tenido a lo largo de estos 19 meses en los cuales se ha llegado a 12 acuerdos parciales”
Carlos Erazo, jefe de la delegación gubernamental en la mesa de diálogo
Las consecuencias inmediatas y la incertidumbre
Tras la fuga, el Gobierno revocó inmediatamente la gestoría de paz de alias “Tito” y anunció una evaluación de todas las autorizaciones similares. En un comunicado oficial difundido el 7 de junio, se condenó el uso de la fuerza y se ofreció acompañamiento a las comunidades de los diez municipios priorizados. Sin embargo, el daño a la credibilidad del proceso parece difícil de reparar.
Mientras la mesa de diálogo atraviesa su momento más crítico, el país observa con preocupación cómo un hecho de esta naturaleza puede devolver a Nariño a un escenario de guerra, justo cuando se esperaba consolidar la paz en una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado.
La fuga de “Tito” no solo golpea la confianza en los Comuneros del Sur, sino que expone las debilidades de un proceso que ya arrastraba cuestionamientos por la falta de información y errores internos, como señaló Bonilla. Por ahora, la incertidumbre reina en la mesa de diálogo y en las comunidades que habían depositado esperanzas en los acuerdos parciales. La pregunta que flota en el ambiente es si este episodio será el principio del fin de los diálogos o si aún existe margen para rescatar lo avanzado.












