La inteligencia militar de Colombia puso en marcha una capacidad tecnológica destinada a rastrear los sistemas de operación de los drones que utilizan los grupos armados, lo que ha permitido identificar despegues, trazar rutas y ubicar campamentos en distintos puntos del país. Según reporta El Tiempo, equipos de ciberdefensa, ingeniería de sistemas, telecomunicaciones, software, hardware, análisis de datos e inteligencia artificial lograron infiltrarse en los programas y sistemas operativos de estas aeronaves para extraer información de vuelo y geolocalización, incluso en tiempo real. El anuncio se conoce con corte al 1 de octubre, cuando las autoridades ya habían registrado 318 ataques con drones entre el 1 de enero y esa fecha, lo que representa un promedio de casi un incidente cada 20 horas.
Una guerra en el espacio aéreo de baja altura
El aumento de los ataques con artefactos explosivos lanzados desde drones contra la fuerza pública y la población civil llevó al alto mando militar a desarrollar esta herramienta de inteligencia, que opera desde centros de cómputo ubicados en distintas regiones del territorio nacional. Las zonas bajo monitoreo incluyen la costa Caribe, el Catatumbo, Arauca, Antioquia, Cauca, Valle del Cauca, Chocó, Nariño, Putumayo, el sur de Bolívar y Caquetá, donde se concentra la mayor actividad de los grupos armados. Los procedimientos, las herramientas empleadas y la ubicación de los equipos de ciberdefensa se mantienen en reserva, por el riesgo que su divulgación representaría para las operaciones en curso y para los funcionarios vinculados.
Los drones utilizados por las organizaciones ilegales incluyen tanto equipos comerciales como adaptaciones artesanales, pero aun así dejan rastros digitales en sus programas y sistemas de navegación. Ese residuo tecnológico es el que ahora aprovecha la inteligencia militar, al cruzar los datos extraídos con otra información de inteligencia para determinar rutas, campamentos, depósitos de explosivos, armamento, droga y materiales de intendencia. Los grupos monitoreados son las disidencias de las Farc-EP, el ELN, el Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
Capacidad en desarrollo y llegada de los Reaper
Entre las capacidades aún en desarrollo figura la posibilidad de intervenir el control de la aeronave después de su despegue, con el propósito de impedir que los explosivos alcancen sus objetivos. Esta fase apunta a neutralizar la amenaza antes de que cause daño, una opción que cobra relevancia ante la frecuencia de los incidentes y la dificultad de interceptar artefactos en vuelo. La disputa por el control del espacio aéreo de baja altura pasó a formar parte de la confrontación, y el alto mando militar advierte que el uso de drones deja información aprovechable, un principio sobre el cual se construyó este nuevo esquema de rastreo.
La información obtenida a través de este sistema ya habría orientado operaciones aéreas y terrestres contra los grupos armados, lo que a su vez obligó a las organizaciones ilegales a modificar sus protocolos de seguridad. Entre los cambios detectados están la evitación del traslado de equipos a zonas de reunión, la limitación de vuelos desde instalaciones fijas y la separación de los operadores de las áreas donde se almacenan las armas. Por otra parte, se prevé la incorporación de drones MQ-9 Reaper para labores de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, que permitirían identificar laboratorios de droga, rutas de narcotráfico, embarcaciones con cargamentos ilegales, campamentos y desplazamientos de integrantes de los grupos armados en todo el país.










