Néstor Gregorio Vera Fernández, conocido con el alias de Iván Mordisco y líder de la disidencia de las Farc conocida como EMC, ordenó la ejecución de 31 atentados terroristas en los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca, en represalia por la muerte de su pareja sentimental, alias Lorena, durante un bombardeo militar en una zona rural de Vaupés. Estos ataques, iniciados desde el 24 de abril de 2026, incluyeron detonaciones de explosivos, bloqueos de vías, hostigamientos armados y el uso de drones para lanzar granadas, coordinados directamente por Iván Jacobo Idrobo Arredondo, alias Marlon, jefe del bloque Occidental Jacobo Arenas de la EMC, y dirigidos tanto contra la fuerza pública como contra civiles.
La escalada de violencia ha dejado un saldo trágico de 21 personas muertas y 35 heridos en total, mientras que el bombardeo en Vaupés, parte de una operación militar contra la estructura del bloque Amazonas, cobró la vida de seis integrantes de esa guerrilla, incluyendo a alias Lorena. Voceros estatales han destacado el carácter de venganza directa en estos patrones de ataques, que superan cualquier lógica estratégica y responden a la ira personal de Iván Mordisco.
Una ola de terror motivada por rencor personal
Según un oficial de Inteligencia consultado por El Colombiano, esta serie de atentados sostenidos contra civiles evidencia una motivación de venganza pura por parte del líder disidente, quien ha desatado una campaña de terror en tres departamentos clave del suroccidente colombiano. La EMC, como disidencia de las antiguas Farc, ha intensificado sus operaciones en la región, pero esta fase particular se distingue por su intensidad y falta de objetivos militares claros, priorizando el impacto en la población civil.
Las autoridades continúan evaluando el impacto de estos eventos, que han paralizado vías y generado zozobra en comunidades enteras, mientras se refuerzan las operaciones contra las estructuras criminales responsables. Este episodio subraya la persistente amenaza de las disidencias armadas en Colombia, donde motivaciones personales se entremezclan con dinámicas de control territorial.












