Juan Carlos Pastrana Arango, periodista y exdirector del diario La Prensa, publicó el domingo 23 de agosto de 2025 una carta abierta dirigida al abogado y académico Ramiro Bejarano, en la que le formula cinco interrogantes contundentes sobre su gestión al frente del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) durante el gobierno de Ernesto Samper, en el marco del escándalo conocido como Proceso 8.000. La misiva, difundida a través de la red social X, se da en vísperas del estreno de la serie documental “El 8.000” en HBO Max, previsto para el 3 de septiembre, y busca, en palabras de su autor, contribuir al “esclarecimiento de la verdad histórica” sobre uno de los episodios más oscuros de la política colombiana.
El hermano del expresidente Andrés Pastrana, quien perdió la segunda vuelta electoral frente a Samper en 1994, basa sus cuestionamientos en testimonios, memorias y declaraciones juramentadas que han salido a la luz pública, incluida una citación textual de la fallecida exsenadora Piedad Córdoba, quien afirmó ante un magistrado de la Jurisdicción Especial para la Paz que “todo el mundo decía -eso era vox populi, doctor- que todo el mundo decía que Samper y Serpa y (Ramiro) Bejarano eran responsables del asesinato del doctor Álvaro Gómez Hurtado”. Esta declaración, recogida en la carta de Pastrana, añade un nuevo capítulo a la controversia que rodea el magnicidio del excandidato presidencial ocurrido en noviembre de 1995.
Cinco preguntas que remueven el pasado
El primer interrogante de Pastrana apunta a un presunto conflicto de interés, pues Bejarano tendría un parentesco con Álvaro Bejarano, hombre de confianza de los hermanos Rodríguez Orejuela, cabecillas del Cartel de Cali. La segunda pregunta cuestiona si el exdirector del DAS demandó por injuria al propio Álvaro Gómez Hurtado después de que este publicara un editorial que lo acusaba de intimidar a testigos dentro del proceso. En tercer lugar, Pastrana le pregunta a Bejarano si, en su doble condición de director del organismo de inteligencia con funciones de policía judicial y de catedrático de derecho, cumplió con su deber de denunciar ante las autoridades la llegada a Hatogrande de una copia robada de la indagatoria de Santiago Medina, uno de los testigos clave del Proceso 8.000.
Las dos últimas preguntas son las más punzantes. Pastrana indaga si Bejarano tenía conocimiento de la “fama de asesino” que se le atribuía respecto al crimen de Gómez Hurtado y, de manera más directa, si era función del director del DAS llevar mensajes del presidente de la República a detenidos o testigos. En este punto, el periodista cita al propio Miguel Rodríguez Orejuela, quien afirmó que tras su captura, Bejarano le transmitió un mensaje del entonces presidente Ernesto Samper: “El presidente lo manda a saludar y a decir que de su captura no otra es nada personal, que debe comprender que su captura era de interés nacional”. Esta revelación, incluida en la carta, sugiere un nivel de comunicación entre el gobierno y los capos del Cartel de Cali que hasta ahora no había sido ventilado de manera tan explícita.
“¿Usted, director del DAS con funciones de policía judicial y catedrático de derecho, cumplió con su deber de funcionario y ciudadano de denunciar ante las autoridades tan insólito hecho?”
Juan Carlos Pastrana Arango, periodista y exdirector de La Prensa
El contexto en el que se publica esta carta no es menor. La serie documental “El 8.000”, basada en el libro de Mauricio Vargas, Edgar Téllez y Jorge Lesmes, reconstruye el ingreso de 3,7 millones de dólares del Cartel de Cali a la campaña presidencial de Samper en 1994, un escándalo que estremeció al país y que culminó el 12 de junio de 1996 cuando la Cámara de Representantes absolvió al entonces mandatario. Bejarano, quien dirigió el DAS entre 1994 y 1996, en plena efervescencia del escándalo, ahora enfrenta estos cuestionamientos públicos que reabren debates sobre su papel en aquellos años convulsos.
La publicación de Pastrana, que tiene la fuerza de un testimonio histórico y periodístico a la vez, no solo busca respuestas de Bejarano sino que plantea una reflexión más amplia sobre la memoria y la justicia en un país que aún busca esclarecer los crímenes que marcaron su historia reciente, como el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, crimen que sigue impune tres décadas después. Con la inminente llegada de la serie a las pantallas, la opinión pública tendrá la oportunidad de revisitar estos hechos y, quizás, encontrar en las respuestas de Bejarano o en su silencio, nuevas claves para entender lo que realmente ocurrió en los pasillos del poder en los años noventa.










