Manizales alberga una orquesta sinfónica rural en Colombia.

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En el ámbito rural de Manizales, niñas y jóvenes criados entre labores agrícolas y pecuarias descubren un universo musical que previamente observaban, principalmente, a través de pantallas.

En la Institución Educativa Rural La Cabaña, un proyecto que arrancó como banda escolar evolucionó hasta configurarse como una orquesta sinfónica rural, descrita por sus promotores como la única de su tipo en Colombia.

Allí, en la vereda La Cabaña, la música se escucha en un escenario distinto. No se limita a teatros ni depende de quien pueda acceder a conservatorios; también se manifiesta entre montañas, veredas y aulas donde estudiantes vinculados a la agricultura y la ganadería aprenden a sostener un violín, ejecutar un violonchelo o explorar la profundidad sonora de un contrabajo.

En una institución educativa rural de Manizales, un grupo de niños y jóvenes demuestra que el talento no entiende de distancias y que la formación artística puede abrir puertas que antes parecían reservadas a otros entornos.

La protagonista es la Orquesta Sinfónica Rural de La Cabaña, una iniciativa surgida de la unión de dos procesos musicales: la banda sinfónica que funciona en la institución desde 2022 y la formación de cuerdas. Lo que empezó como una estrategia para acercar la música a los estudiantes del campo se fortaleció al incorporar instrumentos sinfónicos y recibir apoyo de diversas entidades.

“Tenemos niños del campo haciendo música con violines, violonchelos, contrabajos”

Para Humberto Valencia, coordinador del Programa Municipal de Bandas, esta experiencia tiene un significado especial al reunir el trabajo de formación musical desarrollado en la institución educativa.

La iniciativa recibió un impulso notable a mediados de 2025, cuando llegó una dotación de instrumentos del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. A ello se sumó una alianza con la Orquesta Sinfónica de Caldas, mediante la cual se desarrollan talleres especializados para los estudiantes, tanto de la banda sinfónica como de la agrupación de cuerdas.

La combinación de estos esfuerzos permitió convertir la experiencia en un referente de la educación rural de Manizales en el ámbito de la formación musical.

“Pasar de ver un instrumento de estos en el televisor y nosotros poder tocarlo es algo muy innovador y una experiencia maravillosa”

Para entender lo que representa esta orquesta hay que escuchar a sus integrantes. Danna Castro Pérez, alumna de noveno grado de la vereda La Cabaña, indica que acercarse a la música sinfónica ha significado descubrir una posibilidad que antes parecía lejana; “ver un instrumento de estos en el televisor” y luego poder tocarlo representa una experiencia innovadora y maravillosa.

Su testimonio resume una de las dimensiones centrales del proyecto: la posibilidad de acercar experiencias culturales especializadas a estudiantes que viven en el campo, ampliar sus horizontes y favorecer el desarrollo de habilidades más allá de las áreas típicas de su formación. Danna reconoce que transitar del entorno agrícola a la exploración de un instrumento musical le ha permitido aprender nuevas competencias para la vida.

Sofía Aguelo Jaramillo encontró en la música una motivación para continuar sus estudios y proyectar un futuro en este campo; “Eso me motiva a diario a seguir mis estudios y a tener una mejor carrera como música”.

En estas voces hay más que entusiasmo por aprender a tocar un instrumento. Surgen aspiraciones de escenarios antes no contemplados, el reconocimiento de habilidades desconocidas y la comprensión de que su lugar de origen no determina sus límites.

Andrés Felipe Loaiza Suárez, estudiante de octavo grado y residente de La Cabaña, eligió el violín para explorar nuevas posibilidades. Sebastián Grajales Buitrago, con unos 15 años y aproximadamente dos años en la banda, ya había sentido afinidad por la música desde la infancia, con interés por interpretar diversos instrumentos.

Estas experiencias muestran que la música se convierte en una vía para explorar intereses y construir proyectos personales desde su vereda.

“No solo estamos buscando hacer buenos músicos, sino también buenas personas”

La rectora de la IER La Cabaña, Ángela María Patiño, afirma que el valor de la experiencia va más allá de conformar una agrupación musical: es una evidencia para Colombia de que en el ámbito rural se ejecutan procesos formativos de calidad. La educación de sus estudiantes combina las labores académicas con la preparación en áreas agrícolas y pecuarias, y la música se presenta como una oportunidad adicional para su desarrollo. “Es una posibilidad inmensa que tenemos nosotros como institución rural de poderle mostrar no solamente a la localidad, a la región y al país que en la ruralidad existen procesos de calidad que se les brinda a los niños como una opción de formación”, subraya.

La rectora subraya que la iniciativa no emergió de la noche a la mañana, sino que resulta de la articulación entre la Administración Municipal, el Ministerio de Culturas, la Universidad de Caldas, docentes y familias, quienes aportan instrumentos, formación especializada y acompañamiento. El apoyo de las familias ha sido clave para observar el crecimiento de sus hijos a través de la música.

En La Cabaña, la orquesta se sostiene no solo con instrumentos y partituras, sino con el respaldo de una comunidad que acompaña a los jóvenes y una institución educativa que amplía las oportunidades de formación.

John Edward Montoya, director de la Banda Sinfónica de la I.E.R. La Cabaña, señala que la finalidad va más allá de lograr interpretaciones destacadas: la formación musical también favorece la disciplina, el compromiso y el desarrollo personal de los estudiantes. “No solo estamos buscando hacer buenos músicos, sino también buenas personas”.

La Orquesta Sinfónica Rural de La Cabaña refleja el valor de articular esfuerzos para ampliar las oportunidades educativas. La dotación del Ministerio de Culturas, el acompañamiento especializado de la Orquesta Sinfónica de Caldas y el proceso de formación respaldado por la Alcaldía de Manizales han permitido que los alumnos accedan a instrumentos y conocimientos que enriquecen su experiencia escolar. A través de la Secretaría de Educación, el Programa Municipal de Bandas acerca la música a niños y jóvenes de la ciudad, incluidos quienes residen en zonas rurales.

En La Cabaña, ese trabajo se expresa en una comunidad educativa que integró la experiencia musical y abrió espacio para la formación sinfónica. El objetivo es mantener el proceso, fortalecer la formación de los alumnos y hacer que la experiencia siga creciendo. La rectora describe la esperanza de que esta orquesta sirva como referente regional y nacional.

Con esa mirada, los jóvenes continúan aprendiendo. Algunos llegaron atraídos por el sonido de una banda; otros descubrieron el violín o se acercaron a instrumentos que antes solo habían visto en una pantalla. Hoy forman parte de una experiencia que les permite imaginar futuros sin abandonar sus raíces rurales. En La Cabaña, la música sinfónica llegó al campo, encontró manos dispuestas a aprender y comenzó a escribir su propia historia.

Una historia que recuerda que las grandes oportunidades pueden nacer en una escuela rural, que la formación artística no debe depender de dónde se crece y que, a veces, un primer acercamiento musical puede abrir caminos innovadores hacia el futuro.

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