Mar invade Juanchaco y Ladrilleros en Buenaventura y obliga a evacuaciones

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Las comunidades de Juanchaco y Ladrilleros, en la zona rural de Buenaventura, amanecieron bajo el agua durante la madrugada y mañana del pasado 16 de agosto debido a un fuerte ascenso del nivel del mar que obligó a la evacuación de viviendas y comercios. El fenómeno, provocado por mareas altas y un oleaje intenso, superó la línea costera y alcanzó zonas habitadas y turísticas, dejando a su paso pérdidas de enseres y la incertidumbre de cientos de familias que lo perdieron todo. Residentes y comerciantes de los corregimientos de Juanchaco, Ladrilleros y La Barra reportaron la emergencia a través de redes sociales, donde compartieron videos de la rápida evacuación de enseres y solicitaron ayuda de las autoridades locales y nacionales.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) no ha divulgado balances oficiales hasta el momento, pero las imágenes difundidas muestran calles convertidas en ríos y viviendas anegadas en una región que históricamente ha sufrido por la erosión costera. El mar ha ido ganando terreno de forma progresiva durante años, y en diciembre de 2024 un reporte de la UNGRD indicó que solo en Juanchaco se habían perdido más de 100 metros de terreno, con un área costera comprometida cercana a los 800 metros. En marzo de 2025, otro evento similar destruyó al menos 30 viviendas y negocios en los tres corregimientos, lo que llevó a declarar calamidad pública.

Una comunidad al límite

La economía local, que depende casi exclusivamente del turismo y la gastronomía, quedó paralizada tras la inundación. Líderes comunitarios han advertido en repetidas ocasiones que se requiere la reubicación de más familias, pues el mar sigue adentrándose sin tregua. A esto se suma que Buenaventura fue sacudida el lunes 10 de agosto por un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar (Chocó), que agravó la situación de vulnerabilidad al provocar techos colapsados y paredes abiertas en varias edificaciones. Las dificultades de acceso y comunicación en las zonas rurales han retrasado el recuento oficial de damnificados, mientras las familias damnificadas claman por una respuesta inmediata ante una crisis que no da tregua.

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