Más de 10.000 enfermedades de origen laboral fueron identificadas en Colombia, según el más reciente reporte del Consejo Colombiano de Seguridad (CCS). El dato, divulgado a través del Observatorio de Seguridad y Salud en el Trabajo del CCS, abarca desde depresión y ansiedad hasta trastornos musculoesqueléticos y el síndrome de burnout, y pone en evidencia una realidad que expertos consideran alarmante: la normalización de síntomas cotidianos que, en muchos casos, son señales tempranas de un deterioro profundo de la salud.
La fisioterapeuta y experta en ergonomía de Compensar, Stephanie Doncel Romero, advierte que «para muchos colombianos terminar la jornada con dolor de espalda, sentir agotamiento constante, sufrir dolores de cabeza frecuentes o tener dificultades para dormir son situaciones que se han llegado a considerar normales». Sin embargo, estos síntomas pueden derivar en afecciones de mayor complejidad como hipertensión, diabetes o impactos socioemocionales si no se atienden a tiempo. El reporte se apoya también en la Encuesta de Ausentismo Laboral e Incapacidades Médicas de la Andi, que recogió información de 317.000 trabajadores de 125 empresas, revelando que el 70% del ausentismo laboral en el país es explicado por incapacidades por enfermedad, con un promedio de 9,4 días laborales perdidos por trabajador y un costo equivalente al 4,7% de la nómina.
Entre las afecciones más frecuentes detectadas por el Observatorio del CCS se encuentran los trastornos musculoesqueléticos, alteraciones de salud visual, estrés crónico y el síndrome de burnout. La normalización del dolor de espalda al final de la jornada o del agotamiento constante permite que los efectos se acumulen silenciosamente. A mediano plazo, aparecen cambios en los patrones de sueño, un mayor consumo de cafeína, sedentarismo y aumento de peso. La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año se pierden 12 mil millones de días laborales en el mundo debido a la depresión y la ansiedad, un costo que Colombia no escapa a reflejar en sus cifras de ausentismo y presentismo.
«La evolución de los programas de cuidado al colaborador debe ir más allá de la prevención tradicional y avanzar hacia un modelo de bienestar verdaderamente sostenible, en el que el trabajador sea activo en el cuidado de su salud y la organización genere las condiciones para hacerlo posible. El gran reto está en que el autocuidado no se perciba como una exigencia adicional, sino como una práctica integrada de forma natural a la jornada laboral.»
Stephanie Doncel Romero, fisioterapeuta y experta en ergonomía de Compensar
Frente a este panorama, los especialistas recomiendan medidas de prevención que van desde la hidratación adecuada y el respeto por los horarios de comida y descanso, hasta la implementación de pausas activas y espacios de trabajo ergonómicos. Para las empresas, el llamado es fortalecer sus programas de Seguridad y Salud en el Trabajo con intervenciones que aborden factores biomecánicos, psicosociales y hábitos de vida, de manera que el autocuidado deje de ser una carga y se convierta en una práctica natural dentro de la jornada laboral. La clave, coinciden los expertos, está en no esperar a que los síntomas se conviertan en enfermedades diagnosticadas, sino en actuar sobre las señales tempranas que el cuerpo ya está enviando.












