Música latina: mujeres resignifican canciones machistas y reclaman liderazgo en la industria

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La música latinoamericana vive una transformación profunda: las mujeres han pasado de ser musas inspiradoras a protagonistas de sus propias narrativas, resignificando canciones tradicionalmente machistas y conquistando espacios que durante décadas les fueron negados. Un ejemplo reciente de este fenómeno es la reversión de «Eres Mentirosa», un clásico de la cumbia peruana interpretado por el grupo Los Mirlos, que la cantante Li Saumet, de Bomba Estéreo, transformó en «Eres Mentiroso», cambiando por completo el sentido original de la letra. La nueva versión dice: «Me vienes a decir que yo soy una mentirosa. Es que se ve mal ser una mujer poderosa. ¿Quieres que te diga cómo son las cosas? Yo no soy una princesa, llévate tu carroza». Este gesto simbólico evidencia una corriente que recorre toda la industria y que ha sido impulsada por artistas como Andrea Echeverri de Aterciopelados, Julieta Venegas, Shakira, Francisca Valenzuela, Mon Laferte, Vivir Quintana y Ana Tijoux, entre muchas otras.

La comunicadora y gestora cultural Renata Rincón, quien ha seguido de cerca este fenómeno, señala que los repertorios de las mujeres han ganado una libertad inédita para abordar temas que antes permanecían silenciados. «Yo he visto en los repertorios de las mujeres cada vez más libertad para tratar temas que antes no se trataban. Se hablaba de la belleza de la vida y de la maternidad, pero no se hablaba desde un lugar combativo, no se hablaba de temas del cuerpo, desde las mujeres cantando», afirma. Esta apertura ha llegado incluso a las preguntas que se hacen en las entrevistas, pues Rincón recuerda que una de las rupturas más significativas ocurrió cuando las propias artistas le plantearon que si fueran hombres, no les preguntarían sobre maternidad, como sí se lo preguntaban a ellas.

De las musas a las protagonistas

El recorrido histórico muestra etapas claramente diferenciadas. Durante la primera mitad del siglo XX, las mujeres eran representadas como musas o inspiración de los grandes compositores, con escasas posibilidades de expresar su propia voz. Luego vinieron figuras como Chavela Vargas, Violeta Parra y Mercedes Sosa, que empezaron a conquistar espacios desde la resistencia y la autenticidad. En los años ochenta, el pop femenino irrumpió con fuerza a través de Amanda Miguel, Ana Gabriel y Rocío Durcal, y en los noventa el rock y el pop irreverente de Gloria Trevi, Shakira, Julieta Venegas y Aterciopelados marcaron un antes y un después. Andrea Echeverri, líder de Aterciopelados, reflexiona sobre su propio trabajo: «Yo creo que antes era revolucionario y profético. Y ahora vigente».

La llegada del reguetón femenino, con pioneras como Ivy Queen y más recientemente Karol G, Nesi y Tokischa, representó otra ruptura significativa. La apropiación de un género tradicionalmente dominado por hombres permitió que las mujeres reclamaran su derecho a hablar de sexualidad y deseo desde su propia perspectiva. Un ejemplo claro es «Yo Perreo Sola», de Bad Bunny junto a Nesi, cuya letra dice: «Ante’ tú me pichaba’, ahora yo picheo. Antes tú no quería’, ahora yo no quiero». La rapera puertorriqueña Nesi asegura que el futuro de la industria incluye cada vez más mujeres en roles de poder: «Vas a ver muchas mujeres firmando otros artistas, así como se ve con los hombres. Ya yo creo que vamos por ahí. Yo ya veo a Karol G firmando un nuevo talento, una Ivy Queen».

Nuevas narrativas sobre maternidad, sexualidad y salud mental

Las nuevas generaciones de cantautoras han ampliado las fronteras temáticas con una honestidad inédita. Francisca Valenzuela aborda la depresión postparto en su canción «MALDITA» y el despecho desde una perspectiva femenina en «Rompecorazones», donde canta: «Yo fui tu amiga, fui tu confidente. Fui tu porrista, fui tu fan. Y me clavaste tu puñal». Shakira, por su parte, dedicó «Acróstico» al amor de madre, mientras que la colombiana Ysa C celebra la posibilidad de establecer límites con total libertad. Sobre este proceso, la artista afirma: «Antes incluso yo me sentía un poco menos libre de poder tener ciertas conversaciones, pero creo que se ha abierto ese espacio a tener esas conversaciones. A saber que nosotras también podemos poner límites, a saber decir que nos gusta de esta manera y no de esta, saber cuál es nuestra identidad (…) eso hace parte del proceso».

«Las mujeres tenemos mucha más libertad. Podemos contar nuestras propias historias, maquillarnos como queremos, vestirnos como queremos. Pero también es verdad que estamos más expuestas y la gente piensa que puede opinar sobre nosotras, sobre nuestro cuerpo. Entonces, lo importante es no perder la esencia en ese camino».

Betzabeth, cantante colombiana

La salud mental también se ha convertido en un tema central del discurso femenino en la música. Betzabeth, una de las voces emergentes del país, advierte sobre los peligros de una industria que avanza a ritmo vertiginoso: «Hoy en día estamos más expuestas, todo pasa más rápido. Entonces, es importante que sepamos quiénes somos y no solamente llegar al éxito, sino no perdernos en ese proceso». Manuela Ocampo, cantante colombiana, profundiza en esta crítica al señalar que los ritmos acelerados impuestos por la industria responden a una lógica patriarcal: «Ese ritmo de la industria se ha maximizado y lo que hace que no nos pensemos a nuestros propios ritmos. Sigue siendo bien patriarcal, eso de los ritmos acelerados, y de no comprender cómo hay procesos que toman tiempo y que además es importante dejar que las cosas fragüen y que se transformen en su proceso».

A pesar de los avances, las cifras revelan que la desigualdad persiste en las altas esferas de la industria. Según el informe de la Iniciativa de Inclusión Annenberg de la Universidad del Sur de California, publicado en 2025, solo el 39,4 por ciento de los puestos ejecutivos generales en los grandes sellos discográficos están ocupados por mujeres, y menos del 20 por ciento de los cargos de liderazgo en las principales compañías del sector corresponden a ellas. Estos datos contrastan con la creciente visibilidad de las artistas en los escenarios y las plataformas digitales, lo que evidencia una brecha estructural que aún no se ha cerrado.

Andrea Echeverri también llama la atención sobre la presión estética y los mandatos de consumo que afectan especialmente a las mujeres jóvenes. «A mí se me acercan muchos pelados en la calle, porque yo creo que encuentran eso, como ese mensaje también de quererse a uno mismo. Nos están convenciendo de que no nos queramos y que necesitamos comprar esta cantidad de cosas y hacer esta cantidad de cosas para encajar», comenta la líder de Aterciopelados. Manuela Ocampo, por su parte, subraya la amplitud de voces que hoy coexisten en el panorama musical: «Hay una amplia gama de personalidades y de voces en las mujeres, y sí hay una apertura, pero sí queda bastante camino como para entender qué es lo que nos quieren decir estas voces realmente».

El próximo hito de este movimiento será el Ruidosa Fest, programado para octubre de 2025 y organizado por Francisca Valenzuela, que contará con un cartel exclusivamente femenino integrado por Tokischa, Ana Tijoux y otras artistas, consolidando un espacio de encuentro y celebración de la diversidad de voces que hoy resignifican la música latinoamericana. Sobre lo que viene, Renata Rincón adelanta el siguiente gran desafío: «Yo creo que la siguiente gran conversación es cómo hacemos de esta industria un lugar más auténtico y amigable y realista para las mujeres y para todos los artistas. La conversación va hacia el ser mujer en la industria».

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