Una denuncia viral en TikTok ha puesto nuevamente en el centro del debate la seguridad de las mujeres en el transporte público de Bogotá. La tarde del 5 de agosto de 2026, Marcela Almanza, quien viajaba acompañada de su pareja en la parte trasera de un bus de Transmilenio con dirección al centro de la ciudad, fue testigo de un acto de acoso sexual que involucró a un hombre adulto y a una joven pasajera. Según el relato de Almanza, el sujeto colocó una mano en la pierna de la víctima y le preguntó: “Si me siento aquí, ¿no te da miedo?”. La denunciante, al percatarse de la situación, actuó de inmediato.
Almanza narró en su video que primero se dirigió a la joven para preguntarle si conocía al agresor. “Me volteé, la miré a ella, le dije como: ‘¿Conoces a esta persona?’”, relató. La víctima respondió que no. Entonces, la denunciante encaró al hombre de forma directa. “Le grité que qué le pasaba, que cuál era su problema”, afirmó Almanza. Sin embargo, la reacción del acosador fue de burla: le reprochó que si la joven “no estaba incómoda”, ella no debía intervenir. Para Almanza, esa actitud evidenció una normalización peligrosa del acoso. “El hecho de que no estuviera reaccionando igual a mí no significaba que no estuviera incómoda”, precisó.
Fallo en la respuesta del sistema
Tras confrontar al agresor, Almanza buscó apoyo del personal del sistema. “Fui a donde el conductor a informarle de la situación para que me ayudara a avisarle a la central. No pasó nada”, denunció. El conductor no activó ningún protocolo de apoyo ni alertó a la central de control. Además, la pasajera señaló la indiferencia de los otros ocupantes del bus. “Nadie en todo el Transmilenio, en su mayoría hombres, hicieron nada”, afirmó, y agregó: “La indiferencia me chocó muchísimo”. A pesar de la falta de respuesta institucional, la víctima agradeció a Almanza al descender del vehículo. “Cuando me bajé del Transmilenio, la chica me agradeció por haberla defendido”, recordó.
“El acoso no es normal. No es un ‘malentendido’, no es un ‘piropo’ y mucho menos algo que debamos aprender a soportar o ignorar”.
Marcela Almanza, denunciante
En su video, publicado en TikTok el mismo día de los hechos, Almanza también difundió una fotografía del acosador con el objetivo de prevenir futuros casos. La denunciante y su pareja, al bajar del bus, buscaron a policías y personal del sistema para reportar el incidente, sin obtener más información. La pasajera hizo un llamado a la ciudadanía para que comparta el material audiovisual y genere conciencia sobre la necesidad de rechazar el acoso en el transporte público. “El silencio nunca debería proteger a un acosador”, escribió en el texto del video.
El caso pone de relieve las fallas en la respuesta de Transmilenio ante denuncias de acoso sexual, un problema recurrente en el sistema de transporte masivo de Bogotá. La experiencia de Almanza refleja cómo la indiferencia de los pasajeros y la inacción del personal agravan la vulnerabilidad de las mujeres en espacios públicos. La denunciante insistió en que su intervención no fue excepcional, sino una obligación ciudadana: “El hecho de que no estuviera reaccionando igual a mí no significaba que no estuviera incómoda”. La historia, difundida masivamente, busca romper el ciclo de normalización y silencio que protege a los agresores.












