Pasajera denuncia amenazas misóginas en bus de Transmilenio en Bogotá

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Una nueva denuncia por violencia de género sacude al sistema de transporte público de Bogotá. Una pasajera reportó en redes sociales haber sido víctima de amenazas e insultos misóginos dentro de un bus articulado de Transmilenio que circulaba por la avenida Caracas, a la altura de la estación calle 39, con rumbo hacia el Portal 20 de Julio. Según el relato de la afectada, un hombre que vestía jean, camisa negra y un gorro con los colores de la bandera de Colombia abordó el vehículo, se ubicó en el centro del bus y comenzó a proferir improperios contra las mujeres presentes. Parte de la agresión fue captada en video, en el que se escucha claramente la frase «Vaya estudie, hpta», lanzada por el agresor, cuya identidad no ha sido establecida.

El hecho, ocurrido en fecha no especificada pero difundido en el contexto de las cifras de 2025, no fue un episodio aislado. Otros usuarios de la ruta aseguraron en redes sociales que el mismo hombre ya es un visitante frecuente en ese trayecto. «Este tipo ya es común en esa ruta amenazando a todo el mundo y anda con arma cortopunzante», advirtió una usuaria anónima. La denuncia reaviva el debate sobre la seguridad de las mujeres en Transmilenio, un sistema que en el último año ha visto un crecimiento explosivo de delitos contra ellas.

Cifras que encienden las alarmas

Las estadísticas oficiales presentadas por la Secretaría de Seguridad y citadas por la concejal Diana Diago revelan un panorama preocupante. En 2025 se reportaron 1.651 delitos contra mujeres dentro del sistema Transmilenio, lo que representa un aumento del 106% frente a los 800 casos registrados en 2024. Del total de delitos en el año, 1.627 corresponden a hurtos, 20 a lesiones personales y 3 a delitos sexuales. Estas cifras no solo evidencian un problema de inseguridad generalizada, sino una violencia de género que se manifiesta de manera cotidiana en el transporte público de la capital.

La indignación ciudadana no se hizo esperar, y las redes sociales se convirtieron en un termómetro de la frustración colectiva. «Que vaina más degradante el tener que compartir espacio con tanto sub humano», escribió un usuario anónimo, mientras que otro criticaba duramente la respuesta institucional: «Oprimen el botón de pánico y se bajan donde les da la gana y dejan el bus bloqueado y las autoridades de TM no aparecen». La desconfianza en los canales oficiales es palpable, como lo expresó otra persona: «Si uno llama a Transmilenio para denunciar y le salen diciendo a uno que desde que no esté matando a alguien no pueden hacer algo».

«Este tipo ya es común en esa ruta amenazando a todo el mundo y anda con arma cortopunzante».

Usuaria anónima en redes sociales

Protocolos de atención: ¿letra muerta?

Frente a este escenario, Transmilenio recuerda que existen mecanismos para atender estos casos. El sistema cuenta con el código TM-26, un protocolo mediante el cual el conductor informa a la central y coordina la intervención de la Policía Nacional. El operador del bus debe detener el vehículo en una estación segura donde haya presencia policial. Adicionalmente, las estaciones están equipadas con botones de alerta que se conectan directamente con el Centro de Control Integral; al activarse, se encienden las cámaras de seguridad y se coordina el envío de vigilancia, y si es necesario, de la Policía, servicios médicos o bomberos. Todo el procedimiento queda registrado en video como evidencia.

Para las víctimas, también existe la opción de llamar a la Línea de Emergencias 123 o a la Línea Púrpura distrital, un servicio gratuito y confidencial disponible las 24 horas a través del número 018000 112 137, especializado en atender casos de violencia contra las mujeres. Sin embargo, las denuncias ciudadanas evidencian una brecha preocupante entre lo que dictan los protocolos y lo que realmente ocurre en los buses, donde la lentitud de las autoridades y la impunidad terminan por perpetuar el miedo y la sensación de indefensión de las usuarias.

Mientras las autoridades evalúan nuevas estrategias para frenar esta ola de violencia, el caso de la pasajera agredida en la avenida Caracas se suma a un patrón que exige acciones contundentes. El incremento del 106% en los delitos contra mujeres no es una estadística más: es la evidencia de un sistema de transporte que aún no garantiza el derecho de las mujeres a movilizarse sin miedo.

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